Convalidación

Existe un proyecto del Ministerio de Educación y Ciencia de convalidar el trabajo de ama de casa por algunas asignaturas de FP. En un coloquio de Iñaki Gabilondo con amas de casa, estas defendían que tienen conocimientos convalidables de Enfermería, Medicina, Dirección de Empresa, Economía, Psicología, y un larguísimo etc. Además de la convalidación reclamaban el reconocimiento de la sociedad -a ser posible con un salario, claro-.

A pesar de los tiempos de estupidez en los que estamos -este proyecto solo persigue elevar la cantidad de títulos para equipararnos a Europa y maquillar el vergonzoso fracaso de nuestro sistema educativo-, me parece que un título requiere una Formación dirigida, una valoración de esos conocimientos, una comparación con los estándares exigidos – un exámen, vamos- y un rigor que dista mucho de la intencionalidad de la ministra y compañía.

La experiencia es un grado, pero un grado que hay que baremar. Su reconocimiento no debe implicar bajar la calidad de las titulaciones ni menospreciar el esfuerzo de los que cada día se dejan las pestañas en las aulas. El reconocimiento de la labor de las amas de casa -me apunto con entusiasmo- no se puede compensar, en nuestro sistema económico, con un salario porque no genera riqueza -aunque por esta misma razón habría que eliminar el de los incontables cargos intermedios de la Administración ocupados por perfectos inútiles que no solo no suman sino que restan-.

Resumiendo: convalidemos lo que haga falta pero manteniendo criterios de calidad y exigencia.

 

El negocio del medioambiente

Qué curioso resulta que los políticos se estén interesando cada vez por el Medio Ambiente y lo bien que están viviendo a costa de este.

El hablar del tema -cobrando, naturalmente- sin el más mínimo rigor, está de moda.

Es un comportamiento, además de interesado, curioso. El estudio del Medio Ambiente es una disciplina científica pero, al contrario que en toda ciencia, las discrepancias se silencian. Solo se le dá publicidad a lo que comulga con lo que vende- sería lo políticamente correcto-. En Ciencia, los hallazgos se contrastan, se replican y, como mínimo, se duda de ellos. El escepticismo es la base de la Ciencia. Nadie se ofende, más bien al contrario, si su nueva teoría no se pone en cuarentena y no le salen doscientos investigadores dispuestos a discutirla y refutarla.

Teorías contrarias al calentamiento, a la disminución del grosor del hielo en los Polos, al impacto de la actividad humana en el Ambiente, etc. hay muchas y todas ellas con una base empírica de la que carecen la mayoría de las “oficiales” -científicos de elevado prestigio las avalan-.

Cantantes, artistas, políticos, ONGs, han encontrado un filón por el que seguir engañando al personal y, cómo no, seguir llenándose los bolsillos.

“Las mentiras del cambio climático” de Jorge Alcalde incide de una manera didáctica sobre este gran negocio.

 

Probablemente, Dios no existe

La Unión de Ateos y Librepensadores promueve una campaña con el lema “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Rouco Varela- ¡qué gran tipo!- y los obispos españoles, arremeten contra la campaña y la califican de “ofensiva, lesiva y blasfema”. Los Evangélicos hacen otra campaña con el lema “Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo”.

Yo me tengo por ateo, pero la campaña del “Probablemente Dios no existe…” me parece una memez de una magnitud equiparable a las campañas de católicos -por cierto, con que facilidad se ofenden los que estan ofendiendo constantemente- y evangélicos. ¿Desde cuando tenemos los ateos que presionar a nadie para que comulgue con nuestros principios?. ¿No quedamos en que lo deseable es que cada cual tenga sus ideas y de que estas sean absolutamente respetables para todos?. ¿Hay que hacer campaña para reclutar adeptos a la causa atea?.

No necesitamos ateos, ni necesitamos creyentes. Necesitamos pensar, reflexionar y decidir sin miedos ni coacciones.

 

Soraya y las ministras

Hace unos meses fueron las ministras del gobierno (PSOE) posando para una revista de modas y ahora es Soraya Saez de Santamaría (PP) la que nos dá su particular visión de la “mujer fatal” haciendo lo propio en otra revista -naturalmente, los políticos del PP criticaron las situación cuando posaron las ministras y ahora dicen que se equivocaron para no criticar lo mismo en una mujer de su partido; lo de siempre-.

Si estas mujeres tienen la obligación, entre otras, de vigilar y ciudar la imágen de la mujer, ¿como es posible que se producan situaciones como las comentadas?. ¿Es que todavía tenemos que pensar que la imágen de la mujer está asociada a estas “posturitas” absurdas?. Particularmente me resultan absolutamente ridículas esas poses y ese “glamour”. Eso no es lo que yo valoro en una mujer. Nunca he entendido, salvo por una relación inversamente proporcional a la inteligencia, que una mujer -ej: en las galas de cine- tenga que ir vestida con esos espantoso modelitos, luciendo espalda y tetamen.

No creo que “lo femenino” -alguna vez deberíamos analizar qué significa esto- deba referirse a lo superficial, a lo cursi, a lo provocativo, y no creo que las mujeres en general, y las que tienen responsabilidades politicas en particular, deban seguir insistiendo en esta línea. Pertenece a tiempos pasados equiparar mujer a frivolidad.

 

Obama

Después de 2 años sin registrar ninguna entrada, me ha parecido interesante retomar esta tarea al hilo de la investidura de B. Obama como presidente de los Estados Unidos.

Creo que es lo único original que ha pasado en este tiempo (los mismos politicos torpes, indecentes, inútiles); las mismas guerras, aunque agravadas; los mismos miedos; las mismas incertidumbres; deterioro de la economía etc. Lo único novedoso, la “crisis” que dicen que existe y de la que están viviendo muchos.

A lo que iba: Obama es negro, de orígenes humildes -al menos eso creemos, aunque lo uno no lleva necesariamente a lo otro-, y parece dispuesto a retomar unos ideales que están más allá de lo económico, es decir, de lo que ha estado importando en los últimos tiempos.

No me lo creo.

Para empezar, su ascenso político se ha basado en el apoyo de sectores económicos a los que ahora tendrá que contentar; elogia a su antecesor -el pérfido Bush-, mala cosa; coloca a H. Clinton como ministra de exteriores siendo, como sabemos, notable defensora de la causa de Israel; emplea un tono populista que pone los pelos de punta; y piensa poner todo su empeño en demasiadas cosas.

A pesar de todo, una cosa es segura: lo tiene muy difícil para hacerlo tan mal como el anterior. Parte con esa ventaja.

 

El consenso

Al hilo de la demanda de consenso entre Zapatero y Rajoy por el “asunto” de ETA, una reflexión:

En una sociedad desarrollada como la nuestra y en un sistema democrático como el nuestro, no entiendo porqué tiene que haber consenso, en general, y consenso político, en particular.

En la etapa de la transición de la dictadura de Franco al sistema más o menos democrático que tenemos -etapa ya superada aunque les pese a algunos- estaba justificado, por el riesgo de involución, un consenso generalizado entre los grupos políticos. Y funcionó. Actualmente no tiene sentido.

Es normal, lógico y sano que los ciudadanos -naturalmente incluyo también a los políticos- discrepen y, si las diferencias son sustanciales, importantes, no lleguen a un acuerdo. No es necesario para la marcha de un país el consenso; el Parlamento, el Gobierno y los jueces en la aplicación de las leyes, son suficientes para que funcione.

Discrepar es algo propio de personas reflexivas y, por tanto, deseable en una sociedad donde la libertad de pensamiento y de expresión se constituyen en pilares principales. Salvo en situaciones de emergencia, y no es el caso, no tiene porqué existir consenso.

No tiene sentido consensuar la aplicación de las leyes porque entonces también lo tendría consensuar no aplicarlas.

Otra cosa es que la falta de acuerdo no se obtenga por las discrepancias entre los políticos y sí por el afán mísero de llevarse los votos.

 

Responsabilidad individual

Desde hace tiempo observamos cómo se intenta, desde ámbitos políticos y sociales, diluir la responsabilidad individual justificando comportamientos agresivos contra la sociedad como una “consecuencia lógica” de la opresión que esta ejerce sobre el individuo.

Cuando un alumno no estudia, dicen que lo hace por rebeldía contra el sistema; cuando un etarra mata, dicen que lo hace forzado por la imposición de un sistema político antidemocrático; cuando alguien comete actos incívicos, dicen que lo hace por la frustración de no tener trabajo ni dinero; en caso de malos tratos, es por la presión a que estaba sometido el infractor, etc.

Nadie es responsable de nada. Todo es consecuencia de una sociedad injusta que favorece la opresión y el desarraigo.

La consecuencia es inmediata: no podemos solucionar nada, solo tolerar y “comprender”. Dicho de otro modo, tenemos que resignarnos a vivir soportando injusticias de todo tipo, desde las más sutiles a las más evidentes, para no parecer ciudadanos aislados o marginados del sistema. Y encima, deberíamos sentirnos culpables.

Cuando una persona agrede, ensucia, insulta y no cumple con unos preceptos cívicos mínimos, ella es la única responsable, y es un derecho y un deber de la propia sociedad no dejarse coaccionar y responder con los medios legales que tiene a su disposición.

La tolerancia de una sociedad democrática se refiere a las ideas, a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, pero nunca a comportamientos que atentan contra los derechos de los ciudadanos, y si la propia sociedad no responde a los compromisos que tiene con los individuos, esto no justifica nunca los desmanes de aquellos. Existen medios para gestionar quejas, insatisfacciones, agravios e injusticias de forma democrática y legal.

La responsabilidad de nuestros comportamientos es individual, personal e intransferible, y las consecuencias de estos comportamientos, también, aunque a veces algunos políticos miren hacia otro lado para no exigir esas responsabilidades y perder los votos de los que están todos cautivos.

Que yo sea “yo y mis circunstancias” no me exime de mis responsabilidades.

Amén.

 

Un cortijo

Desde tiempo inmemorial los políticos creen que el país es como un cortijo que ellos administran a su antojo.

Desde el enorme despilfarro económico hasta las actuaciones de las que no dan cuenta, pasando por la creación de puestos innecesarios en la administración para colocar a sus babosos, los políticos, desde siempre, mienten, ocultan y engañan a la opinión pública apañando, a sus espaldas, un tinglado de corte mafioso que impide el normal ejercicio de las libertades.

De las últimas publicadas el acuerdo entre los sindicatos de TUSSAM -la empresa pública de transporte urbano de Sevilla- y la dirección para hacer oficial lo que ya era oficioso: solo entran en su plantilla familiares de los que ya están.

El Defensor del Pueblo ha dicho que no es legal y que tienen que recurrir a un concurso abierto o a las listas del Servicio Andaluz de Empleo. La reacción de los sindicatos ha sido amenazar con una huelga dividida en varios periodos entre los que se incluye la Semana Santa y la Feria de Sevilla.

No añado más. Lo dicho, un Cortijo.

 

El alcalde

El alcalde de Sevilla es un ejemplo del típico político: cínico, falso, embustero, megalómano, asido al sillón de alcalde pase lo que pase y con la costumbre de decir a cada uno lo que a este le gusta oir.

Ha talado , últimamente, cien árboles y, al día siguiente, estaba firmando un escrito que ofrecía un grupo ecologista en la puerta del Ayuntamiento contra la tala de árboles.

Ha dicho en una entrevista radiofónica que la Avenida de la Constitución será peatonal con “un proyecto que respeta escrupulosamente el medio ambiente”, a pesar de haber talado los árboles, a pesar de no tener permiso de obras, a pesar de no tener estudio de impacto ambiental y de haber destruido restos arqueológicos en la Puerta de Jerez.

Nunca tiene la culpa de nada -facturas falsas de obras no realizadas, gastos de viaje de los amiguetes de Izquierda Unida en Cuba, robo de una cubierta deportiva, amiguismo en la contratación de personal, huelga y chuleo de los taxistas, botellonas incontroladas, suciedad de las calles, más talas de árboles por negligencias varias, encarecimiento de obras, destrucción de zonas emblemáticas de la ciudad, etc- y siempre está sonriente.

Ya dejó económicamente tocada la Diputación -fue presidente de este Organismo- y está dejando maltrechas las arcas del Ayuntamiento. No pasa nada.

La falta de criterio y de crítica de esta sociedad nuestra, junto con las campañas de imagen y de llamada al orden para que no se critique al alcalde, hará que lo vuelvan a votar. ¿Qué se apuestan que vuelve a salir?.

 

Tristeza

Después de ver la que se ha montado con el partido y la victoria del Sevilla FC, siento una enorme tristeza, aunque quizás sea vergüenza, de pertenecer a una sociedad sevillana, andaluza, europea -es igual, ya que el fenómeno se observa en cualquier sitio- donde existen masas de sujetos no pensantes que se movilizan de esa forma por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

Dirigentes y periodistas que utilizan a esa masa, que exageran hasta lo grotesco la importancia de esa victoria, que insultan a la inteligencia con comentarios zafios, banales, intrascendentes y políticos que jalean y que permiten que una ciudad se colapse, aunque la mayoría de los ciudadanos no participen de esos actos.

Gente llorando, gente soportando esperas interminables, atascos, gastando un dinero que, probablemente, lo emplearían mejor en otra cosa y, encima, orgullosos.

Qué pena que no nos movilicemos contra el empleo precario, contra las injusticias sociales, contra la carestía de la vivienda, contra la especulación, contra los alcaldes cínicos y deshonestos, etc, etc, etc, y lo hagamos por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

A la célebre frase de Marx, sobre que la religión era el opio del pueblo, habría que añadirle: y el fútbol, también.