Elecciones europeas

De nuevo tenemos el circo mediático que montan los partidos políticos en las campañas electorales: concurso de tontos con banderitas, aparición del líder como una estrella de cine, aplausitos contínuos por cada memez que se le ocurre, un tono en la oratoria que ¿parece? dirigida a idiotas, promesas que ya no se cree nadie -salvo los de las banderitas, claro- mucha música triunfal y globitos a lo americano.

El discurso, vacío. Lo importante para un líder -perdón por la estúpida palabra pero ellos se llaman así- no es pensar, reflexionar, plantear ideas, diseñar estrategias, afrontar compromisos; lo importante es hablar y si es con insultos al contrario, mejor.

Me es difícil entender qué se creen estos estúpidos profesionales de la política.

Una alta dosis de narcicismo mezclada con un toque de cinismo, gran apego al dinero, unos polvitos de cara muy dura y una alta resistencia al ridículo, es el perfil de estos elementos. De interés por mejorar la vida del ciudadano, nada; de interés por mejorar el país, nada; de interés por la educación, nada. Aspiraciones de vivir del cuento -rodando de puesto en puesto si es necesario- y de mantenerse el mayor tiempo posible viviendo del resto de los ciudadanos -impuestos-, todas.

No crean que tengo un mal día; si lo tuviera, no hubiese escrito nada por respeto al lenguaje.

 

Medios de comunicación

Desde siempre, pero con especial relevancia en los últimos meses, vengo observando cómo algunos medios de comunicación -demasiados- no ofrecen información sino que crean opinión. Además, una opinión con tendencia al dramatismo y, por tanto, a la desinformación.
Desde temas como el cambio climático -donde solo se comenta lo catastrofista, omitiéndose opiniones de auténticos expertos que cuestionan este cambio o sus consecuencias- hasta la crisis económica -magnificada por estos medios que ocultan, por ejemplo, que se sigue creando empleo y que muchas empresas siguen dando beneficios- hasta la gripe A -generando una situación de temor no justificada en absoluto por los datos clínicos-, nos siguen manipulando.
Frente a esto, de nuevo debo insistir en la educación, en la crítica, en la reflexión y en el uso del sentido común -alguna vez hablaremos más extensamente de esta herramienta tan valiosa- como instrumentos para defendernos de esta desinformación intencionada que están generando los llamados medios de comunicación.

 

¿Prohibir?

Este comentario viene al hilo de una observación reiterada: en las salas de cine cada vez encuentro más personas con edades por debajo de lo que recomienda la película. Item más, me entero en un programa de radio que no hay posibilidad de impedir la entrada a estas personas ya que, legalmente, solo es posible recomendar y no prohibir.
Sigo insistiendo en que estamos suponiendo una madurez a chicos y chicas adolescentes, que no tienen.
Aprenden comportamientos por simple imitación de unos modelos que ven en televisión, cine, etc., pero con un problema: no tienen desarrollada la capacidad de crítica, solo imitan.
Para poder elegir nuestros comportamientos, y ser responsables de ellos, tenemos que hacerlo desde la crítica, desde la duda, desde la reflexión. Esto no es posible si no hemos desarrollados estas capacidades.
Por otro lado, la falta de control del acceso a determinados contenidos hace que se normalicen comportamientos que pueden no ser recomendables.
La sensación de algunos adolescentes -también de adultos que no han tenido una adolescencia reglada- de que pueden hacer lo que quieran y cuando quieran, no hace sino aumentar su agresividad al creer que tienen derecho a todo, sin límites ni prohibiciones, cuando quieran.
Al utilizar el término “reglada”, quiero decir que la Sociedad -a través de los mecanismos de que dispone- debe configurar la educación de sus adolescentes. No es posible que se eduquen ellos mismos dándoles herramientas que no saben utilizar.
El fracaso educativo -que sigue sin ser reconocido por algunos sectores implicados en él- se debe, entre otros, a la falta de control y de implicación de unos estamentos que no asumen que son parte de un proceso que es, al mismo tiempo, creativo y punitivo.

 

Aborto

Al hilo de la propuesta de ley que piensa enviar el Gobierno de España a las Cortes Generales, un breve comentario con mi opinión sobre el tema:
Soy partidario del aborto y de una ley de plazos. Para mí, el problema se plantea precisamente en fijar este plazo; entiendo que a partir de las 12 semanas -obviamente se trata de indicar una frontera y semana más, semana menos, no creo que sea relevante- podemos empezar a hablar de vida humana; hasta entonces, solo tenemos un grupo de células reproduciéndose que entiendo que son un proyecto de vida humana pero, desde luego, sin las características propias de esta. Insisto: no hablamos de vida -cualquier célula tiene vida- sino de vida humana, es decir, de características propias de un ser humano.
La campaña de los obispos -y de algunos científicos-, de nuevo, tiene trampa: presentan el comienzo de la vida humana desde el momento de la fecundación. Obviamente, un óvulo y un espermatozoide unidos, no son una vida humana, y el grupo de células que se empieza a formar a partir de ahí, tampoco. Podríamos discutir sobre cuando empieza esta vida humana, pero me parece bastante claro que en los primeros estadios del desarrollo del embrión esta no existe.
Sobre el proyecto de ley del Gobierno dos comentarios: El primero es que cuando se dice que la madre tiene derecho a abortar porque se trata de su cuerpo y ella decide sobre este, no tienen razón; si entendemos que el feto es vida humana, la madre no tiene derecho a decidir sobre la vida de él. El segundo comentario es para manifestar mi total desacuerdo con que una chica de 16 años, es decir, menor de edad, pueda abortar sin conocimiento de sus padres; además de dudar de que esto sea legal, me parece que facilita, normaliza, esa idea inculcada a los jóvenes -en base a un falso progresismo- de que pueden comportarse como adultos, sin serlo.

 

Nacionalidades

¿Es necesario sentirse de una nación, de un país, de un lugar?. Esa identidad político-social que consideramos lógica, ¿no es una forma absurda de reducir nuestro horizonte cultural?.
Yo me siento un ciudadano. ¿De donde?; de donde me toque vivir. No tengo para mí etiquetas de andaluz, ni de español, ni de europeo. Mi pertenencia lo es a lo que me rodea, a lo que me hace sentir que soy y que estoy. No me identifico -hablamos del sentir nacionalista- ni con una idea, ni con un concepto.
Hago esta reflexión al hilo de la celebración del Día de Andalucía: una serie de actos para recordarnos que pertenecemos a Andalucía y para ensalzarnos las virtudes del “ser andaluz” -donde pongo el término andaluz puedo poner catalán, castellano, vasco, etc., es la misma idea-. Me gustaría que sentirse andaluz se entendiera como sentirse abierto a otros; una lucha contra la uniformidad y contra el pensamiento único; un decir basta a tanto/s estatuto/s insolidario/s. Sería algo así como… no sentirse nacionalista.

 

Eluana

No sabes , Eluana, hasta qué punto me alegré de tu muerte; de tu segunda muerte. Pensé que con ella se acallarían, por respeto, las voces de esos oportunistas sin escrúpulos que utilizan todo lo que pueden en beneficio propio -en este caso un puñado de asqueroso votos y la oportunidad de hacer apología religiosa-; me equivoqué.
¿De quien era tu vida, Eluana?, ¿de dios?, ¿de la sociedad?, ¿de los políticos?, ¿de la jerarquía eclesiástica? -nota que lo escribo todo con minúsculas menos tu nombre, Eluana-. Tu vida era tuya.
¿Quien tiene derecho a decidir sobre la vida de los otros?. Nadie. Nuestra vida nos pertenece a cada uno de nosotros y debes saber -aunque te lo hayan negado durante diecisiete años- que tú también tenías derecho a morir con dignidad; esa dignidad que no te permitieron durante los años en que estuvistes en coma, también te la querían quitar en el momento de tu muerte.
Un beso emocionado a tu memoria, Eluana.

Testamento Vital

 

Educación para la Ciudadanía

Creo que la primera preguntar sería si es necesario educar para la ciudadanía y la segunda quién debería hacerlo. En relación con la primera parece, a la vista de cómo está el personal, que es imprescindible; se han perdido los valores ciudadanos de respeto, tolerancia y civismo. En relación con la segunda, en un Estado aconfesional parece que es el Parlamento el que, elaborando las leyes oportunas -para eso es el poder legislativo- tiene esa misión. Los intereses educativos particulares deberían desarrollarse en el ámbito estrictamente privado; nuestra Constitución y nuestro Sistema Democrático garantizan este derecho.
Entonces, ¿qué puñetas – no me diréis que no soy fino- pretenden algunos padres, algunos políticos y la Conferencia Episcopal?. ¿Quieren seguir con unos privilegios que ya no deberían tener cabida en nuestro Sistema?.
Otra historia es que el contenido de esa asignatura obligatoria deba ser consensuado por los grupos políticos, al igual que las demás, para no tener que estar cambiando sistemas educativos y, por tanto, contenido de las asignaturas cada vez que un grupo accede al poder. Eso es mucho pedir para estos políticos de miradas cortas y egos largos.

 

Convalidación

Existe un proyecto del Ministerio de Educación y Ciencia de convalidar el trabajo de ama de casa por algunas asignaturas de FP. En un coloquio de Iñaki Gabilondo con amas de casa, estas defendían que tienen conocimientos convalidables de Enfermería, Medicina, Dirección de Empresa, Economía, Psicología, y un larguísimo etc. Además de la convalidación reclamaban el reconocimiento de la sociedad -a ser posible con un salario, claro-.

A pesar de los tiempos de estupidez en los que estamos -este proyecto solo persigue elevar la cantidad de títulos para equipararnos a Europa y maquillar el vergonzoso fracaso de nuestro sistema educativo-, me parece que un título requiere una Formación dirigida, una valoración de esos conocimientos, una comparación con los estándares exigidos – un exámen, vamos- y un rigor que dista mucho de la intencionalidad de la ministra y compañía.

La experiencia es un grado, pero un grado que hay que baremar. Su reconocimiento no debe implicar bajar la calidad de las titulaciones ni menospreciar el esfuerzo de los que cada día se dejan las pestañas en las aulas. El reconocimiento de la labor de las amas de casa -me apunto con entusiasmo- no se puede compensar, en nuestro sistema económico, con un salario porque no genera riqueza -aunque por esta misma razón habría que eliminar el de los incontables cargos intermedios de la Administración ocupados por perfectos inútiles que no solo no suman sino que restan-.

Resumiendo: convalidemos lo que haga falta pero manteniendo criterios de calidad y exigencia.

 

El negocio del medioambiente

Qué curioso resulta que los políticos se estén interesando cada vez por el Medio Ambiente y lo bien que están viviendo a costa de este.

El hablar del tema -cobrando, naturalmente- sin el más mínimo rigor, está de moda.

Es un comportamiento, además de interesado, curioso. El estudio del Medio Ambiente es una disciplina científica pero, al contrario que en toda ciencia, las discrepancias se silencian. Solo se le dá publicidad a lo que comulga con lo que vende- sería lo políticamente correcto-. En Ciencia, los hallazgos se contrastan, se replican y, como mínimo, se duda de ellos. El escepticismo es la base de la Ciencia. Nadie se ofende, más bien al contrario, si su nueva teoría no se pone en cuarentena y no le salen doscientos investigadores dispuestos a discutirla y refutarla.

Teorías contrarias al calentamiento, a la disminución del grosor del hielo en los Polos, al impacto de la actividad humana en el Ambiente, etc. hay muchas y todas ellas con una base empírica de la que carecen la mayoría de las “oficiales” -científicos de elevado prestigio las avalan-.

Cantantes, artistas, políticos, ONGs, han encontrado un filón por el que seguir engañando al personal y, cómo no, seguir llenándose los bolsillos.

“Las mentiras del cambio climático” de Jorge Alcalde incide de una manera didáctica sobre este gran negocio.

 

Probablemente, Dios no existe

La Unión de Ateos y Librepensadores promueve una campaña con el lema “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Rouco Varela- ¡qué gran tipo!- y los obispos españoles, arremeten contra la campaña y la califican de “ofensiva, lesiva y blasfema”. Los Evangélicos hacen otra campaña con el lema “Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo”.

Yo me tengo por ateo, pero la campaña del “Probablemente Dios no existe…” me parece una memez de una magnitud equiparable a las campañas de católicos -por cierto, con que facilidad se ofenden los que estan ofendiendo constantemente- y evangélicos. ¿Desde cuando tenemos los ateos que presionar a nadie para que comulgue con nuestros principios?. ¿No quedamos en que lo deseable es que cada cual tenga sus ideas y de que estas sean absolutamente respetables para todos?. ¿Hay que hacer campaña para reclutar adeptos a la causa atea?.

No necesitamos ateos, ni necesitamos creyentes. Necesitamos pensar, reflexionar y decidir sin miedos ni coacciones.