No soy especialmente entendido en fútbol pero creo que los clubes se equivocan en los criterios que manejan para decidir los fichajes de jugadores. Los mejores jugadores no lo son en función de características técnicas sino por la forma en que escupen, insultan, simulan y se santiguan.
Creo que en las escuelas de fútbol deberían poner más atención en estos parámetros y analizar, por ejemplo, la espesura que debe tener un buen salibazo. No es lo mismo el escupitajo de un jugador mediocre -transparente y blanquecino- que el de un jugador consagrado -espeso y amarillento- ni tampoco la fuerza -débil y colgante el primero y fuerte y en tirabuzón el segundo- ni tampoco el sonido que produce al salir de la boca.
En cuanto al insulto, deberíamos ampliar el repertorio. Un jugador que se distinga por su calidad y variedad brilla más y juega mejor que aquel que recurre a la madre o a los muertos del adversario como hace la mayoría - por esto la mayoría juega mal al fútbol-.
Deberíamos cuidar también la entonación, de manera que el insulto suene rotundo y llegue con claridad al destinatario, como hacen los buenos jugadores.
Una actividad que se está desarrollando cada vez con más fuerza, consiste en el lanzamiento de mocos. La técnica pasa por taparse un orificio nasal, coger aire y lanzar al campo por el otro orificio, claro, un moco que, a medida que se sea mejor jugador, irá mejorando en cuanto a distancia y curvatura. Finalmente, y esto ya es de maestro, en lugar de dirigir el moco al césped podemos hacerlo a la cara del contrario, dando muestra de nuestra indudable superioridad técnica en los lanzamientos.
La simulación es otra de las técnicas que deberían mejorar en las escuelas de fútbol. Los chavales deben aprender lo más rápidamente posible a tirarse sin motivo, a exagerar las consecuencias de una entrada y a rodar por el campo gritando desaforadamente hasta que aparezca la tarjeta al contrario o salga la camilla, momento especialmente adecuado para levantarse y salir corriendo como si no hubiera pasado nada. Se puede mejorar el impacto combinándolo con las técnicas ya vistas como insultar, escupir o moquear.
En relación a la capacidad de santiguarse deberíamos investigar sobre si es mejor que la cruz se haga de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de arriba a abajo, de abajo a arriba, circular, en rombo, marcando los tiempos o sin marcarlos, mirando al cielo o mirando al suelo.
No sé… es todo tan complejo.