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Ese lenguaje

Observando un poco los comportamientos de la gente, en este caso el verbal, podamos darnos cuenta de lo poco originales que somos. Expresiones del tipo: “como no puede ser de otra forma”, “venga”, “no cabe la menor duda”, “en su conjunto”, “te comento”, “qué fuerte”, “me explico”, “no te preocupes”, y tantas otras, se ponen de moda y las repetimos todos.

No somos capaces de tener un lenguaje sin tantos estereotipos, más propio de cada uno, más personal. Según el ambiente donde nos encontremos, repetimos y repetimos y, según lo que ponga de moda el modelo o líder de turno, así hacemos y decimos. El entorno condiciona pero, a medida que descendemos en la escala intelectual, lo hace con más fuerza. Es penoso oir a políticos, deportistas, artistas, etc., ese comportamiento verbal vicario e irreflexivo.

En relación al comportamiento no verbal, tenemos más de los mismo: la manera de mecer a los bebés en el cochecito o de acunarlos entre los brazos balanceando el cuerpo -aunque no le haga ninguna falta-, el gesto de llamar por teléfono extendiendo el meñique y el pulgar, las comillas que dibujamos en el aire cuando hablamos, el nudo de la bufanda, etc.

Tengo la impresión de que esta sociedad, que lo copia todo, avanza muy poco. La progresión es un proceso reflexivo que está reñido con lo compulsivo. Esa absurda idea de modernidad basada en la imitación de lo superficial, de la imagen y de los gestos, nos aliena en la medida en que nos priva de desarrollar las capacidades necesarias para inventar, crear y pensar. Una pena.

 

Europa y la libertad de expresión

Increíble la falta de una respuesta firme de los líderes – ¡que palabra tan fea!- europeos ante la actitud del integrismo musulmán a cuento de las caricaturas sobre Mahoma.

Esta actitud que se viene manteniendo desde hace bastante tiempo- recuérdese el tema de los velos en los colegios, la falta de control de los sermones de los imanes en las mezquitas, el reiterado afán por convencernos de que la religión musulmana es pacífica…- lleva al gobierno danés a pedir perdón por las caricaturas.

La ciudadanía europea debería estar movilizándose en defensa de la libertad de expresión y en contra de la intromisión de algunos gobiernos árabes en lo que es un logro y una conquista de nuestra civilización.

Es lamentable ver como la incultura de los integristas se propaga sin que se alce una voz firme en Europa. Nuestra vicepresidenta dice que hay que compatibilizar la libertad de expresión con el respeto a las religiones. A ver si nos explica como se hace eso.

El límite a la libertad de expresión lo pone la ley y los jueces aplicándola; nunca el terrorismo o la fuerza, nunca la coacción o el chantaje.

Al margen de que algunos políticos árabes utilicen esta excusa para fomentar disturbios y enfrentamientos – como ejemplo valga la actitud de los dirigentes, auténticas joyas, sirios e iraníes-, Europa entera debería levantar la voz y no permitir más atropellos. Es fácil manipular a pueblos fanáticos, incultos y alienados – de ahí lo fácil que les resulta a estos políticos provocar levantamientos- y más fácil si no encuentran una adecuada respuesta europea.

Los que vienen a Europa tienen que aceptar las leyes europeas y vivir de acuerdo a ellas. Sus costumbres debemos respetarlas siempre que se mantengan dentro de nuestro sistema y de nuestras normas de convivencia y respeto. Nuestra tolerancia no puede aplicarse a los que lo torpedean y la conveniencia económica – como ejemplo la dependencia que tenemos del petróleo que se produce en estos países- no debería ser excusa para tolerar lo intolerable.

Los musulmanes de Londres no deberían poder manifestarse tan fácilmente, en contra de la libertad de expresión -curiosa paradoja-, lo mismo que no debería permitirse una manifestación a favor de la pena de muerte o en apoyo de terroristas. Es una falacia pensar que en una democracia todo vale; solo vale lo que está dentro del sistema – si queremos jugar al fútbol tenemos que respetar las reglas del juego y sería absurdo permitir jugar a equipos con otras reglas hasta que, por el procedimiento adecuado, estas no se cambien-.

Defendamos – todos- con firmeza nuestra libertad de expresión como garante, entre otros, de nuestra estabilidad y desarrollo.

 

¿Fumadores por la tolerancia?

A raíz de la puesta en marcha de leyes para el control del consumo de tabaco – control parcial, ya que se sigue subvencionando por parte del Estado la plantación de hojas de tabaco y se sigue permitiendo su venta- asociaciones como el Club de fumadores por la tolerancia organizan campañas “informativas” reivindicando el derecho al consumo de tabaco.

Que yo sepa, nadie ha discutido ese derecho. Lo que se plantea es el respeto al derecho que tiene cualquier persona de no fumar. Ese respeto del que nunca han hecho gala los fumadores obligando a fumar pasivamente a los que no querían hacerlo. He asistido durante los 31 años que llevo trabajando al abuso continuo de los fumadores, incluso con personas asmáticas. No solo en el trabajo. También la familia y los amigos. Los fumadores, aunque no sea bueno generalizar, nunca se ha planteado derecho alguno, salvo el suyo.

A mí me da igual que alguien fume. Lo que no quiero es fumar yo.

Cómo van a dejar de fumar, tampoco me preocupa. Es su problema como lo ha sido el mío durante tantos años. Lo que sí me parece un disparate es la sensación que algunos políticos y medios de comunicación están dando sobre la “enorme” dificultad de dejar de fumar. Aunque fumar implica una cierta dependencia, es muy fácil dejar de fumar, basta con querer y, simplemente, no hacerlo. Los fumadores no son enfermos tan graves ni requieren grandes ni costosos tratamientos. Su problema es que no quieren dejar de fumar.

¿Qué tolerancia pretenden los fumadores?. ¿Qué tenemos que seguir tolerarando los no fumadores?.