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¡Vaya panorama!

Otra genialidad del gobierno: aumentar la edad de jubilación a los 67 años.
Las medidas para asegurar las pensiones no están en suprimir Organismos ineficientes – el año pasado costaron las Diputaciones 12.000 millones de euros que solo sirvieron para buscar acomodo a políticos que no quieren en otros sitios-; ni en acabar con las pensiones vitalicias a los ex jefes de gobierno; ni en acabar con los privilegios de los parlamentarios en el cobro de sus pensiones, ni en disminuir sus generosísimos sueldos; ni en acabar con donaciones impresentables -ej: para colectivos de lesbianas de Zimbawe o para el metro de Hong Kong-; ni en acabar con el increíble número de inútiles mandos intermedios que hay en este país, ni con la generosísima dotación de coches oficiales de estos mandos; ni en evitar cumbres y fastos varios cada vez que hay alguna chorrada que presentar; ni en duplicar sueldos por pertenecer a varios Consejos de Administración que generan también más de una pensión-; ni en las generosísimas subvenciones a colectivos que no aportan nada y que deberían moverse en el ámbito exclusivamente privado; ni… en generar puestos de trabajo para los más jóvenes.
A los iluminados de turno, probablemente, tampoco se les ha ocurrido pensar que los costes de las bajas médicas, lógicas al trabajar a estas edades, serían superiores a los ingresos que recaudarían por seguir activos.
Cabe una alegría: los hay mas tontos que pretenden que trabajemos hasta los 70 años que, según parece, no van a ser tenidos en cuenta.
Los sindicatos estan pagados -desde el año 2006 se han incrementado un 50% las subvenciones a los dos sindicatos mayoritarios- y solo amagan movilizaciones de cara a la galería y los partidos de la Oposición… tan inútilles como los actuales gobernantes.
¡Vaya panorama|

 

Medios de comunicación

Desde siempre, pero con especial relevancia en los últimos meses, vengo observando cómo algunos medios de comunicación -demasiados- no ofrecen información sino que crean opinión. Además, una opinión con tendencia al dramatismo y, por tanto, a la desinformación.
Desde temas como el cambio climático -donde solo se comenta lo catastrofista, omitiéndose opiniones de auténticos expertos que cuestionan este cambio o sus consecuencias- hasta la crisis económica -magnificada por estos medios que ocultan, por ejemplo, que se sigue creando empleo y que muchas empresas siguen dando beneficios- hasta la gripe A -generando una situación de temor no justificada en absoluto por los datos clínicos-, nos siguen manipulando.
Frente a esto, de nuevo debo insistir en la educación, en la crítica, en la reflexión y en el uso del sentido común -alguna vez hablaremos más extensamente de esta herramienta tan valiosa- como instrumentos para defendernos de esta desinformación intencionada que están generando los llamados medios de comunicación.

 

¿Prohibir?

Este comentario viene al hilo de una observación reiterada: en las salas de cine cada vez encuentro más personas con edades por debajo de lo que recomienda la película. Item más, me entero en un programa de radio que no hay posibilidad de impedir la entrada a estas personas ya que, legalmente, solo es posible recomendar y no prohibir.
Sigo insistiendo en que estamos suponiendo una madurez a chicos y chicas adolescentes, que no tienen.
Aprenden comportamientos por simple imitación de unos modelos que ven en televisión, cine, etc., pero con un problema: no tienen desarrollada la capacidad de crítica, solo imitan.
Para poder elegir nuestros comportamientos, y ser responsables de ellos, tenemos que hacerlo desde la crítica, desde la duda, desde la reflexión. Esto no es posible si no hemos desarrollados estas capacidades.
Por otro lado, la falta de control del acceso a determinados contenidos hace que se normalicen comportamientos que pueden no ser recomendables.
La sensación de algunos adolescentes -también de adultos que no han tenido una adolescencia reglada- de que pueden hacer lo que quieran y cuando quieran, no hace sino aumentar su agresividad al creer que tienen derecho a todo, sin límites ni prohibiciones, cuando quieran.
Al utilizar el término “reglada”, quiero decir que la Sociedad -a través de los mecanismos de que dispone- debe configurar la educación de sus adolescentes. No es posible que se eduquen ellos mismos dándoles herramientas que no saben utilizar.
El fracaso educativo -que sigue sin ser reconocido por algunos sectores implicados en él- se debe, entre otros, a la falta de control y de implicación de unos estamentos que no asumen que son parte de un proceso que es, al mismo tiempo, creativo y punitivo.

 

Aborto

Al hilo de la propuesta de ley que piensa enviar el Gobierno de España a las Cortes Generales, un breve comentario con mi opinión sobre el tema:
Soy partidario del aborto y de una ley de plazos. Para mí, el problema se plantea precisamente en fijar este plazo; entiendo que a partir de las 12 semanas -obviamente se trata de indicar una frontera y semana más, semana menos, no creo que sea relevante- podemos empezar a hablar de vida humana; hasta entonces, solo tenemos un grupo de células reproduciéndose que entiendo que son un proyecto de vida humana pero, desde luego, sin las características propias de esta. Insisto: no hablamos de vida -cualquier célula tiene vida- sino de vida humana, es decir, de características propias de un ser humano.
La campaña de los obispos -y de algunos científicos-, de nuevo, tiene trampa: presentan el comienzo de la vida humana desde el momento de la fecundación. Obviamente, un óvulo y un espermatozoide unidos, no son una vida humana, y el grupo de células que se empieza a formar a partir de ahí, tampoco. Podríamos discutir sobre cuando empieza esta vida humana, pero me parece bastante claro que en los primeros estadios del desarrollo del embrión esta no existe.
Sobre el proyecto de ley del Gobierno dos comentarios: El primero es que cuando se dice que la madre tiene derecho a abortar porque se trata de su cuerpo y ella decide sobre este, no tienen razón; si entendemos que el feto es vida humana, la madre no tiene derecho a decidir sobre la vida de él. El segundo comentario es para manifestar mi total desacuerdo con que una chica de 16 años, es decir, menor de edad, pueda abortar sin conocimiento de sus padres; además de dudar de que esto sea legal, me parece que facilita, normaliza, esa idea inculcada a los jóvenes -en base a un falso progresismo- de que pueden comportarse como adultos, sin serlo.

 

Eluana

No sabes , Eluana, hasta qué punto me alegré de tu muerte; de tu segunda muerte. Pensé que con ella se acallarían, por respeto, las voces de esos oportunistas sin escrúpulos que utilizan todo lo que pueden en beneficio propio -en este caso un puñado de asqueroso votos y la oportunidad de hacer apología religiosa-; me equivoqué.
¿De quien era tu vida, Eluana?, ¿de dios?, ¿de la sociedad?, ¿de los políticos?, ¿de la jerarquía eclesiástica? -nota que lo escribo todo con minúsculas menos tu nombre, Eluana-. Tu vida era tuya.
¿Quien tiene derecho a decidir sobre la vida de los otros?. Nadie. Nuestra vida nos pertenece a cada uno de nosotros y debes saber -aunque te lo hayan negado durante diecisiete años- que tú también tenías derecho a morir con dignidad; esa dignidad que no te permitieron durante los años en que estuvistes en coma, también te la querían quitar en el momento de tu muerte.
Un beso emocionado a tu memoria, Eluana.

Testamento Vital

 

Convalidación

Existe un proyecto del Ministerio de Educación y Ciencia de convalidar el trabajo de ama de casa por algunas asignaturas de FP. En un coloquio de Iñaki Gabilondo con amas de casa, estas defendían que tienen conocimientos convalidables de Enfermería, Medicina, Dirección de Empresa, Economía, Psicología, y un larguísimo etc. Además de la convalidación reclamaban el reconocimiento de la sociedad -a ser posible con un salario, claro-.

A pesar de los tiempos de estupidez en los que estamos -este proyecto solo persigue elevar la cantidad de títulos para equipararnos a Europa y maquillar el vergonzoso fracaso de nuestro sistema educativo-, me parece que un título requiere una Formación dirigida, una valoración de esos conocimientos, una comparación con los estándares exigidos – un exámen, vamos- y un rigor que dista mucho de la intencionalidad de la ministra y compañía.

La experiencia es un grado, pero un grado que hay que baremar. Su reconocimiento no debe implicar bajar la calidad de las titulaciones ni menospreciar el esfuerzo de los que cada día se dejan las pestañas en las aulas. El reconocimiento de la labor de las amas de casa -me apunto con entusiasmo- no se puede compensar, en nuestro sistema económico, con un salario porque no genera riqueza -aunque por esta misma razón habría que eliminar el de los incontables cargos intermedios de la Administración ocupados por perfectos inútiles que no solo no suman sino que restan-.

Resumiendo: convalidemos lo que haga falta pero manteniendo criterios de calidad y exigencia.

 

Soraya y las ministras

Hace unos meses fueron las ministras del gobierno (PSOE) posando para una revista de modas y ahora es Soraya Saez de Santamaría (PP) la que nos dá su particular visión de la “mujer fatal” haciendo lo propio en otra revista -naturalmente, los políticos del PP criticaron las situación cuando posaron las ministras y ahora dicen que se equivocaron para no criticar lo mismo en una mujer de su partido; lo de siempre-.

Si estas mujeres tienen la obligación, entre otras, de vigilar y ciudar la imágen de la mujer, ¿como es posible que se producan situaciones como las comentadas?. ¿Es que todavía tenemos que pensar que la imágen de la mujer está asociada a estas “posturitas” absurdas?. Particularmente me resultan absolutamente ridículas esas poses y ese “glamour”. Eso no es lo que yo valoro en una mujer. Nunca he entendido, salvo por una relación inversamente proporcional a la inteligencia, que una mujer -ej: en las galas de cine- tenga que ir vestida con esos espantoso modelitos, luciendo espalda y tetamen.

No creo que “lo femenino” -alguna vez deberíamos analizar qué significa esto- deba referirse a lo superficial, a lo cursi, a lo provocativo, y no creo que las mujeres en general, y las que tienen responsabilidades politicas en particular, deban seguir insistiendo en esta línea. Pertenece a tiempos pasados equiparar mujer a frivolidad.

 

Responsabilidad individual

Desde hace tiempo observamos cómo se intenta, desde ámbitos políticos y sociales, diluir la responsabilidad individual justificando comportamientos agresivos contra la sociedad como una “consecuencia lógica” de la opresión que esta ejerce sobre el individuo.

Cuando un alumno no estudia, dicen que lo hace por rebeldía contra el sistema; cuando un etarra mata, dicen que lo hace forzado por la imposición de un sistema político antidemocrático; cuando alguien comete actos incívicos, dicen que lo hace por la frustración de no tener trabajo ni dinero; en caso de malos tratos, es por la presión a que estaba sometido el infractor, etc.

Nadie es responsable de nada. Todo es consecuencia de una sociedad injusta que favorece la opresión y el desarraigo.

La consecuencia es inmediata: no podemos solucionar nada, solo tolerar y “comprender”. Dicho de otro modo, tenemos que resignarnos a vivir soportando injusticias de todo tipo, desde las más sutiles a las más evidentes, para no parecer ciudadanos aislados o marginados del sistema. Y encima, deberíamos sentirnos culpables.

Cuando una persona agrede, ensucia, insulta y no cumple con unos preceptos cívicos mínimos, ella es la única responsable, y es un derecho y un deber de la propia sociedad no dejarse coaccionar y responder con los medios legales que tiene a su disposición.

La tolerancia de una sociedad democrática se refiere a las ideas, a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, pero nunca a comportamientos que atentan contra los derechos de los ciudadanos, y si la propia sociedad no responde a los compromisos que tiene con los individuos, esto no justifica nunca los desmanes de aquellos. Existen medios para gestionar quejas, insatisfacciones, agravios e injusticias de forma democrática y legal.

La responsabilidad de nuestros comportamientos es individual, personal e intransferible, y las consecuencias de estos comportamientos, también, aunque a veces algunos políticos miren hacia otro lado para no exigir esas responsabilidades y perder los votos de los que están todos cautivos.

Que yo sea “yo y mis circunstancias” no me exime de mis responsabilidades.

Amén.

 

Tristeza

Después de ver la que se ha montado con el partido y la victoria del Sevilla FC, siento una enorme tristeza, aunque quizás sea vergüenza, de pertenecer a una sociedad sevillana, andaluza, europea -es igual, ya que el fenómeno se observa en cualquier sitio- donde existen masas de sujetos no pensantes que se movilizan de esa forma por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

Dirigentes y periodistas que utilizan a esa masa, que exageran hasta lo grotesco la importancia de esa victoria, que insultan a la inteligencia con comentarios zafios, banales, intrascendentes y políticos que jalean y que permiten que una ciudad se colapse, aunque la mayoría de los ciudadanos no participen de esos actos.

Gente llorando, gente soportando esperas interminables, atascos, gastando un dinero que, probablemente, lo emplearían mejor en otra cosa y, encima, orgullosos.

Qué pena que no nos movilicemos contra el empleo precario, contra las injusticias sociales, contra la carestía de la vivienda, contra la especulación, contra los alcaldes cínicos y deshonestos, etc, etc, etc, y lo hagamos por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

A la célebre frase de Marx, sobre que la religión era el opio del pueblo, habría que añadirle: y el fútbol, también.

 

Ese lenguaje

Observando un poco los comportamientos de la gente, en este caso el verbal, podamos darnos cuenta de lo poco originales que somos. Expresiones del tipo: “como no puede ser de otra forma”, “venga”, “no cabe la menor duda”, “en su conjunto”, “te comento”, “qué fuerte”, “me explico”, “no te preocupes”, y tantas otras, se ponen de moda y las repetimos todos.

No somos capaces de tener un lenguaje sin tantos estereotipos, más propio de cada uno, más personal. Según el ambiente donde nos encontremos, repetimos y repetimos y, según lo que ponga de moda el modelo o líder de turno, así hacemos y decimos. El entorno condiciona pero, a medida que descendemos en la escala intelectual, lo hace con más fuerza. Es penoso oir a políticos, deportistas, artistas, etc., ese comportamiento verbal vicario e irreflexivo.

En relación al comportamiento no verbal, tenemos más de los mismo: la manera de mecer a los bebés en el cochecito o de acunarlos entre los brazos balanceando el cuerpo -aunque no le haga ninguna falta-, el gesto de llamar por teléfono extendiendo el meñique y el pulgar, las comillas que dibujamos en el aire cuando hablamos, el nudo de la bufanda, etc.

Tengo la impresión de que esta sociedad, que lo copia todo, avanza muy poco. La progresión es un proceso reflexivo que está reñido con lo compulsivo. Esa absurda idea de modernidad basada en la imitación de lo superficial, de la imagen y de los gestos, nos aliena en la medida en que nos priva de desarrollar las capacidades necesarias para inventar, crear y pensar. Una pena.