Increíble la falta de una respuesta firme de los líderes – ¡que palabra tan fea!- europeos ante la actitud del integrismo musulmán a cuento de las caricaturas sobre Mahoma.
Esta actitud que se viene manteniendo desde hace bastante tiempo- recuérdese el tema de los velos en los colegios, la falta de control de los sermones de los imanes en las mezquitas, el reiterado afán por convencernos de que la religión musulmana es pacífica…- lleva al gobierno danés a pedir perdón por las caricaturas.
La ciudadanía europea debería estar movilizándose en defensa de la libertad de expresión y en contra de la intromisión de algunos gobiernos árabes en lo que es un logro y una conquista de nuestra civilización.
Es lamentable ver como la incultura de los integristas se propaga sin que se alce una voz firme en Europa. Nuestra vicepresidenta dice que hay que compatibilizar la libertad de expresión con el respeto a las religiones. A ver si nos explica como se hace eso.
El límite a la libertad de expresión lo pone la ley y los jueces aplicándola; nunca el terrorismo o la fuerza, nunca la coacción o el chantaje.
Al margen de que algunos políticos árabes utilicen esta excusa para fomentar disturbios y enfrentamientos – como ejemplo valga la actitud de los dirigentes, auténticas joyas, sirios e iraníes-, Europa entera debería levantar la voz y no permitir más atropellos. Es fácil manipular a pueblos fanáticos, incultos y alienados – de ahí lo fácil que les resulta a estos políticos provocar levantamientos- y más fácil si no encuentran una adecuada respuesta europea.
Los que vienen a Europa tienen que aceptar las leyes europeas y vivir de acuerdo a ellas. Sus costumbres debemos respetarlas siempre que se mantengan dentro de nuestro sistema y de nuestras normas de convivencia y respeto. Nuestra tolerancia no puede aplicarse a los que lo torpedean y la conveniencia económica – como ejemplo la dependencia que tenemos del petróleo que se produce en estos países- no debería ser excusa para tolerar lo intolerable.
Los musulmanes de Londres no deberían poder manifestarse tan fácilmente, en contra de la libertad de expresión -curiosa paradoja-, lo mismo que no debería permitirse una manifestación a favor de la pena de muerte o en apoyo de terroristas. Es una falacia pensar que en una democracia todo vale; solo vale lo que está dentro del sistema – si queremos jugar al fútbol tenemos que respetar las reglas del juego y sería absurdo permitir jugar a equipos con otras reglas hasta que, por el procedimiento adecuado, estas no se cambien-.
Defendamos – todos- con firmeza nuestra libertad de expresión como garante, entre otros, de nuestra estabilidad y desarrollo.