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El consenso

Al hilo de la demanda de consenso entre Zapatero y Rajoy por el “asunto” de ETA, una reflexión:

En una sociedad desarrollada como la nuestra y en un sistema democrático como el nuestro, no entiendo porqué tiene que haber consenso, en general, y consenso político, en particular.

En la etapa de la transición de la dictadura de Franco al sistema más o menos democrático que tenemos -etapa ya superada aunque les pese a algunos- estaba justificado, por el riesgo de involución, un consenso generalizado entre los grupos políticos. Y funcionó. Actualmente no tiene sentido.

Es normal, lógico y sano que los ciudadanos -naturalmente incluyo también a los políticos- discrepen y, si las diferencias son sustanciales, importantes, no lleguen a un acuerdo. No es necesario para la marcha de un país el consenso; el Parlamento, el Gobierno y los jueces en la aplicación de las leyes, son suficientes para que funcione.

Discrepar es algo propio de personas reflexivas y, por tanto, deseable en una sociedad donde la libertad de pensamiento y de expresión se constituyen en pilares principales. Salvo en situaciones de emergencia, y no es el caso, no tiene porqué existir consenso.

No tiene sentido consensuar la aplicación de las leyes porque entonces también lo tendría consensuar no aplicarlas.

Otra cosa es que la falta de acuerdo no se obtenga por las discrepancias entre los políticos y sí por el afán mísero de llevarse los votos.

 

Responsabilidad individual

Desde hace tiempo observamos cómo se intenta, desde ámbitos políticos y sociales, diluir la responsabilidad individual justificando comportamientos agresivos contra la sociedad como una “consecuencia lógica” de la opresión que esta ejerce sobre el individuo.

Cuando un alumno no estudia, dicen que lo hace por rebeldía contra el sistema; cuando un etarra mata, dicen que lo hace forzado por la imposición de un sistema político antidemocrático; cuando alguien comete actos incívicos, dicen que lo hace por la frustración de no tener trabajo ni dinero; en caso de malos tratos, es por la presión a que estaba sometido el infractor, etc.

Nadie es responsable de nada. Todo es consecuencia de una sociedad injusta que favorece la opresión y el desarraigo.

La consecuencia es inmediata: no podemos solucionar nada, solo tolerar y “comprender”. Dicho de otro modo, tenemos que resignarnos a vivir soportando injusticias de todo tipo, desde las más sutiles a las más evidentes, para no parecer ciudadanos aislados o marginados del sistema. Y encima, deberíamos sentirnos culpables.

Cuando una persona agrede, ensucia, insulta y no cumple con unos preceptos cívicos mínimos, ella es la única responsable, y es un derecho y un deber de la propia sociedad no dejarse coaccionar y responder con los medios legales que tiene a su disposición.

La tolerancia de una sociedad democrática se refiere a las ideas, a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, pero nunca a comportamientos que atentan contra los derechos de los ciudadanos, y si la propia sociedad no responde a los compromisos que tiene con los individuos, esto no justifica nunca los desmanes de aquellos. Existen medios para gestionar quejas, insatisfacciones, agravios e injusticias de forma democrática y legal.

La responsabilidad de nuestros comportamientos es individual, personal e intransferible, y las consecuencias de estos comportamientos, también, aunque a veces algunos políticos miren hacia otro lado para no exigir esas responsabilidades y perder los votos de los que están todos cautivos.

Que yo sea “yo y mis circunstancias” no me exime de mis responsabilidades.

Amén.

 

El alcalde

El alcalde de Sevilla es un ejemplo del típico político: cínico, falso, embustero, megalómano, asido al sillón de alcalde pase lo que pase y con la costumbre de decir a cada uno lo que a este le gusta oir.

Ha talado , últimamente, cien árboles y, al día siguiente, estaba firmando un escrito que ofrecía un grupo ecologista en la puerta del Ayuntamiento contra la tala de árboles.

Ha dicho en una entrevista radiofónica que la Avenida de la Constitución será peatonal con “un proyecto que respeta escrupulosamente el medio ambiente”, a pesar de haber talado los árboles, a pesar de no tener permiso de obras, a pesar de no tener estudio de impacto ambiental y de haber destruido restos arqueológicos en la Puerta de Jerez.

Nunca tiene la culpa de nada -facturas falsas de obras no realizadas, gastos de viaje de los amiguetes de Izquierda Unida en Cuba, robo de una cubierta deportiva, amiguismo en la contratación de personal, huelga y chuleo de los taxistas, botellonas incontroladas, suciedad de las calles, más talas de árboles por negligencias varias, encarecimiento de obras, destrucción de zonas emblemáticas de la ciudad, etc- y siempre está sonriente.

Ya dejó económicamente tocada la Diputación -fue presidente de este Organismo- y está dejando maltrechas las arcas del Ayuntamiento. No pasa nada.

La falta de criterio y de crítica de esta sociedad nuestra, junto con las campañas de imagen y de llamada al orden para que no se critique al alcalde, hará que lo vuelvan a votar. ¿Qué se apuestan que vuelve a salir?.

 

¿Ingenuos?

Estoy despistado. A raíz del último comunicado de ETA, me siento perplejo. No termino de explicarme bien la reacción de los medios de comunicación -cansina y reiterativamente la noticia en pantalla, programas especiales, telediarios desde Bilbao o San Sebastián-, ni la de políticos y personajes “relevantes” de la sociedad con esos mensajes de optimismo sobre la terminación de lo asesinatos -el comunicado habla de alto el fuego indefinido aunque siguen valiendo las extorsiones- por parte de la banda terrorista. Gran parte del país, menos los propios presos de ETA, parece, de pronto, haberse dado cuenta de que esta vez sí va en serio y de que esta es la gran oportunidad para el desarme y el cese de la violencia.

Ojalá fuera así pero a uno, que a veces piensa un poco, le escama eso de “oportunidad única para lograr la paz” que tanto han difundido los medios de comunicación afines al PSOE. Dejando a un lado los esfuerzos de algunos -ejemplo Ibarretxe- para salir en la foto y la memez de otros reclamando, como si no la tuvieran desde hace treinta años, democracia para Euskadi -ejemplo HB-, me gustaría saber qué es lo que vamos a negociar con ETA. Se me ocurren tres cosas: la independencia del País Vasco, la liberación de los presos y un trato de favor en la aplicación de las leyes a ETA y a sus satélites. En un Estado de Derecho como el nuestro, ninguna de las tres es aceptable.

Puede ser que una parte importante de esta sociedad sea tan ingenua como para creer que el abandono del asesinato y la extorsión será gratuito y que esta tregua -la cuarta- lo es a cambio de nada.

Como no me fío de la ingenuidad ni de los políticos ni de los etarras, y como creo que con estos la única acción digna es la aplicación de medidas represivas policiales -dado que no es un problema político-, quisiera saber qué está negociando el gobierno de espaldas a los ciudadanos y en la clandestinidad. Quiero que me digan con claridad a qué se refieren cuando hablan de negociar, cuando hablan de pactar, y cuando hablan de una salida “valiente” al “problema” de ETA.

Espero que el respeto que no les tienen al recuerdo de las personas asesinadas por ETA lo tengan para con las leyes y las prácticas democráticas propias de nuestro país.

 

Ideas e ideologías

¿Son necesarias las ideologías?. Entiendo que no.

Si entendemos por ideología un marco cerrado, una doctrina de mandatos e imposiciones que no admite discusión, me parece que es incompatible con la reflexión, la crítica y la capacidad de decidir.

Una ideología marca un camino de vida, pero un camino impuesto, que no nuestro, y que no podemos modificar.

Ideologías religiosas, políticas, sociales o económicas, empobrecen la capacidad de desarrollo de la persona.

Aunque se achaca frecuentemente la crisis ética de nuestra sociedad a la falta de ideologías, creo que lo que faltan son ideas.

Es necesario estimular desde la escuela la capacidad de análisis, de discusión y de crítica para fomentar la génesis de ideas e ir adecuándolas a nuestra etapa vital. Las ideas son modificables -sería absurdo pensar que una persona piensa igual con quince, con cuarenta o con setenta años- y su desarrollo nos permite escapar de la alienación que supone la aceptación, sin más, de una ideología.

Ya dijo un conocido político que “el que se mueve no sale en la foto”. Esto es así en casi todos los foros (trabajo, amigos, política, religión…) y quien no cumple con la ideología, con lo que se espera de él, es apartado y marginado.

El desarrollo de ideas enriquece y el sometimiento a una ideología, empobrece.

No solo creo que las ideologías no son necesarias sino que entiendo que son la causa de nuestra estulticia y nuestra degeneración mental.

 

¿Pactos democráticos?

Creo que no es de recibo otorgar un poder que no dan las urnas en función de intereses políticos. Los niveles de representatividad y, por tanto, de protagonismo lo deberían marcar los votos de los ciudadanos.

Partidos minoritarios y/o con escaso apoyo de los ciudadanos no deben tener esa cuota de poder que otros partidos les otorgan en función del compadreo que supone “me apoyas con tus votos en las instituciones para que yo pueda imponer mi programa y, a cambio, yo te cedo cargos y parcelas de poder y de influencia.

Si tras las elecciones, partidos como IU, PA, ERC etc. no obtienen los votos que les permitan ejercer una mayor influencia, ¿por qué se la tienen que dar otros partidos que necesitan sus votos para lograr esa mayoría que les permite gobernar a sus anchas?.

Estos partidos minoritarios que, después de vender sus votos al que más ofrece, modifican sus políticas renunciando a lo que en otro tiempo era irrenunciable y pasan la mano vergonzosamente en cosas impensables antes de los pactos justificando los injustificable cuando no tenían ese poder o cuando el pacto era con otro, no deberían, por ética y coherencia, aceptar ese trapicheo antidemocrático, aunque legal, que les ofrecen otros partidos.

Esa idea de la necesidad de mayorías para actuar en política, creo que no es de recibo. Nuestros representantes en las insituciones lo son en la medida en que el voto popular otorga esa representación y las diferentes propuestas deben ser votadas por estos representantes, solo en función del programa que llevaron a las elecciones. Cuando haya necesidad de pactar o de negociar creo que debe hacerse con acuerdos puntuales y nunca ofreciendo -vendiendo- cargos y poderes.

El pacto es una muestra más del talante antidemocrático de nuestros políticos que buscan, sobre todo, influencia, poder y mantenerse como sea en lo mas alto.

 

La libertad de expresión

Increíble que, en estos tiempos, se cuestione la libertad de expresión por un partido político que, como casi todos, debe su razón a la existencia de un Estado democrático.

Es el caso de Izquierda Unida que, a través de una proposición de ley, ha propuesto regular la profesión periodística de tal manera que el Estado se arrogaría la potestad de expedir y retirar carnés de periodistas. No solo esto. Se crearían, además, comités intermediarios en las redacciones y órganos de censura -consejos de información les llaman- dependientes del Parlamento.

No son los únicos. ERC queriendo cerrar laCOPE, el Parlamento catalán aprobando una ley que le otorga la potestad de cerrar un medio de comunicación, la censura interna de los partidos, etc.

O los ciudadanos espabilamos o lo llevamos crudo.

Son los tribunales los únicos que tienen competencias para, amparándose en los derechos constitucionales y en el cumplimiento de las leyes vigentes, establecer las medidas que estimen oportunas. Los únicos.

Los ataques a la libertad de expresión son continuos desde los propios partidos políticos, las instituciones y las asociaciones. Acabar con ella sería lo mismo que acabar con la democracia. Callar ante estos ataques no hace sino confirmar la indiferencia que, quizás calculadamente, vá anidando en los ciudadanos y que nos deja indefensos ante el abuso y la corrupción.

La libertad de expresión tiene límites. Dejemos que sean los jueces los que los apliquen.