Archivo de la categoría ‘Política’

Miserables en Puerto Príncipe

Una nueva demostración de la talla de los políticos que nos gobiernan: están dándose empujones para ver quien tiene más protagonismo -propaganda se llamaba antes- en la ayuda y en la reconstrucción de Puerto Príncipe (Haití).
Estados Unidos toma el aeropuerto y obliga a los aviones de los restantes paises a aterrizar en Santo Domingo, Brasil se dá codazos para estar en primera línea, algunos países europeos toman iniciativas por su cuenta para salir mas favorecidos en las fotos…
Es increible que estén aprovechando un drama de esta magnitud para fines políticos. Y mientras tanto, la O.N.U., desaparecida. Esta institución tan cara y tan inoperante es la que deberia estar organizando el salvamento, las ayudas y la reconstrucción de Puerto Príncipe y canalizando, a través de ella, las iniciativas públicas y privadas de otros países. Probablemente, bajo el mandato único de la O.N.U. se evitaría el pillaje y el crimen y se optimizaría el reparto de ayuda y la atención a tantos necesitados.
Mientras tanto, la señora De la Vega paseando sus carísimos modelitos en medio de tanta miseria.

 

Gadafi

Saludos a la vuelta de las vacaciones, que espero hayan sido provechosas.
Para empezar, una duda: ¿Qué pinta un ministro de la democracia española en la conmemoración de los 40 años de poder de un dictador como Gadafi?.
Este tema parece que no interesa a los partidos de la oposición ya que hacen mutis por el foro. En una reciente visita a España – que nunca debió producirse- de este personajillo, hemos tenido que aguantar desplantes y malos modos sin que ningún político lo haya evitado. Inaudito.
No parece ético apoyar a un dictador, por mucho petróleo que tenga.
PD: Del montaje de la gripe A, opinaré otro día.

 

Alcalde de Sevilla

Alfredo Sanchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, a falta de más argumentos -su falta de inteligencia es ya un clásico- descalifica a los que no tienen la misma idea de la ciudad que él diciendo que provienen de la ideología “nacional católica”. Es usted un imbécil, Sr alcalde -me permito insultarlo con la venia que me dá haber sido insultado por usted.
Creo -y es un derecho que tengo- que está destruyendo Sevilla. Está haciendo una ciudad copia de otras que, por esto mismo, está perdiendo sus señas, sus peculiaridades y sus encantos. Lo decimos muchos ciudadanos y muchas instituciones -incluida la Unesco.
Mi pensamiento es – a la vista de sus actuaciones- bastante más de izquierdas que el suyo y me siento profundamente insultado por sus comentarios -es broma, para insultarme a mí hacen faltan muchos monteseirines.
Estar de acuerdo, o no, con la forma de actuar en una ciudad no es cuestión de ideologías y cada cual tiene , o debería tener, su punto de vista. Lo que no es de recibo, por poco ético, es actuar de espaldas al sentir de la ciudadanía pensando que, con el voto, depositamos el permiso para cualquier barrabasada.
Como su insulto es, cualitativamente, bastante mayor que el mío, permítame otro: es usted un memo, don Alfredo, que no tiene categoría para representar a la ciudad de Sevilla.

 

¿Prohibir?

Este comentario viene al hilo de una observación reiterada: en las salas de cine cada vez encuentro más personas con edades por debajo de lo que recomienda la película. Item más, me entero en un programa de radio que no hay posibilidad de impedir la entrada a estas personas ya que, legalmente, solo es posible recomendar y no prohibir.
Sigo insistiendo en que estamos suponiendo una madurez a chicos y chicas adolescentes, que no tienen.
Aprenden comportamientos por simple imitación de unos modelos que ven en televisión, cine, etc., pero con un problema: no tienen desarrollada la capacidad de crítica, solo imitan.
Para poder elegir nuestros comportamientos, y ser responsables de ellos, tenemos que hacerlo desde la crítica, desde la duda, desde la reflexión. Esto no es posible si no hemos desarrollados estas capacidades.
Por otro lado, la falta de control del acceso a determinados contenidos hace que se normalicen comportamientos que pueden no ser recomendables.
La sensación de algunos adolescentes -también de adultos que no han tenido una adolescencia reglada- de que pueden hacer lo que quieran y cuando quieran, no hace sino aumentar su agresividad al creer que tienen derecho a todo, sin límites ni prohibiciones, cuando quieran.
Al utilizar el término “reglada”, quiero decir que la Sociedad -a través de los mecanismos de que dispone- debe configurar la educación de sus adolescentes. No es posible que se eduquen ellos mismos dándoles herramientas que no saben utilizar.
El fracaso educativo -que sigue sin ser reconocido por algunos sectores implicados en él- se debe, entre otros, a la falta de control y de implicación de unos estamentos que no asumen que son parte de un proceso que es, al mismo tiempo, creativo y punitivo.

 

Aborto

Al hilo de la propuesta de ley que piensa enviar el Gobierno de España a las Cortes Generales, un breve comentario con mi opinión sobre el tema:
Soy partidario del aborto y de una ley de plazos. Para mí, el problema se plantea precisamente en fijar este plazo; entiendo que a partir de las 12 semanas -obviamente se trata de indicar una frontera y semana más, semana menos, no creo que sea relevante- podemos empezar a hablar de vida humana; hasta entonces, solo tenemos un grupo de células reproduciéndose que entiendo que son un proyecto de vida humana pero, desde luego, sin las características propias de esta. Insisto: no hablamos de vida -cualquier célula tiene vida- sino de vida humana, es decir, de características propias de un ser humano.
La campaña de los obispos -y de algunos científicos-, de nuevo, tiene trampa: presentan el comienzo de la vida humana desde el momento de la fecundación. Obviamente, un óvulo y un espermatozoide unidos, no son una vida humana, y el grupo de células que se empieza a formar a partir de ahí, tampoco. Podríamos discutir sobre cuando empieza esta vida humana, pero me parece bastante claro que en los primeros estadios del desarrollo del embrión esta no existe.
Sobre el proyecto de ley del Gobierno dos comentarios: El primero es que cuando se dice que la madre tiene derecho a abortar porque se trata de su cuerpo y ella decide sobre este, no tienen razón; si entendemos que el feto es vida humana, la madre no tiene derecho a decidir sobre la vida de él. El segundo comentario es para manifestar mi total desacuerdo con que una chica de 16 años, es decir, menor de edad, pueda abortar sin conocimiento de sus padres; además de dudar de que esto sea legal, me parece que facilita, normaliza, esa idea inculcada a los jóvenes -en base a un falso progresismo- de que pueden comportarse como adultos, sin serlo.

 

Nacionalidades

¿Es necesario sentirse de una nación, de un país, de un lugar?. Esa identidad político-social que consideramos lógica, ¿no es una forma absurda de reducir nuestro horizonte cultural?.
Yo me siento un ciudadano. ¿De donde?; de donde me toque vivir. No tengo para mí etiquetas de andaluz, ni de español, ni de europeo. Mi pertenencia lo es a lo que me rodea, a lo que me hace sentir que soy y que estoy. No me identifico -hablamos del sentir nacionalista- ni con una idea, ni con un concepto.
Hago esta reflexión al hilo de la celebración del Día de Andalucía: una serie de actos para recordarnos que pertenecemos a Andalucía y para ensalzarnos las virtudes del “ser andaluz” -donde pongo el término andaluz puedo poner catalán, castellano, vasco, etc., es la misma idea-. Me gustaría que sentirse andaluz se entendiera como sentirse abierto a otros; una lucha contra la uniformidad y contra el pensamiento único; un decir basta a tanto/s estatuto/s insolidario/s. Sería algo así como… no sentirse nacionalista.

 

Educación para la Ciudadanía

Creo que la primera preguntar sería si es necesario educar para la ciudadanía y la segunda quién debería hacerlo. En relación con la primera parece, a la vista de cómo está el personal, que es imprescindible; se han perdido los valores ciudadanos de respeto, tolerancia y civismo. En relación con la segunda, en un Estado aconfesional parece que es el Parlamento el que, elaborando las leyes oportunas -para eso es el poder legislativo- tiene esa misión. Los intereses educativos particulares deberían desarrollarse en el ámbito estrictamente privado; nuestra Constitución y nuestro Sistema Democrático garantizan este derecho.
Entonces, ¿qué puñetas – no me diréis que no soy fino- pretenden algunos padres, algunos políticos y la Conferencia Episcopal?. ¿Quieren seguir con unos privilegios que ya no deberían tener cabida en nuestro Sistema?.
Otra historia es que el contenido de esa asignatura obligatoria deba ser consensuado por los grupos políticos, al igual que las demás, para no tener que estar cambiando sistemas educativos y, por tanto, contenido de las asignaturas cada vez que un grupo accede al poder. Eso es mucho pedir para estos políticos de miradas cortas y egos largos.

 

Soraya y las ministras

Hace unos meses fueron las ministras del gobierno (PSOE) posando para una revista de modas y ahora es Soraya Saez de Santamaría (PP) la que nos dá su particular visión de la “mujer fatal” haciendo lo propio en otra revista -naturalmente, los políticos del PP criticaron las situación cuando posaron las ministras y ahora dicen que se equivocaron para no criticar lo mismo en una mujer de su partido; lo de siempre-.

Si estas mujeres tienen la obligación, entre otras, de vigilar y ciudar la imágen de la mujer, ¿como es posible que se producan situaciones como las comentadas?. ¿Es que todavía tenemos que pensar que la imágen de la mujer está asociada a estas “posturitas” absurdas?. Particularmente me resultan absolutamente ridículas esas poses y ese “glamour”. Eso no es lo que yo valoro en una mujer. Nunca he entendido, salvo por una relación inversamente proporcional a la inteligencia, que una mujer -ej: en las galas de cine- tenga que ir vestida con esos espantoso modelitos, luciendo espalda y tetamen.

No creo que “lo femenino” -alguna vez deberíamos analizar qué significa esto- deba referirse a lo superficial, a lo cursi, a lo provocativo, y no creo que las mujeres en general, y las que tienen responsabilidades politicas en particular, deban seguir insistiendo en esta línea. Pertenece a tiempos pasados equiparar mujer a frivolidad.

 

Obama

Después de 2 años sin registrar ninguna entrada, me ha parecido interesante retomar esta tarea al hilo de la investidura de B. Obama como presidente de los Estados Unidos.

Creo que es lo único original que ha pasado en este tiempo (los mismos politicos torpes, indecentes, inútiles); las mismas guerras, aunque agravadas; los mismos miedos; las mismas incertidumbres; deterioro de la economía etc. Lo único novedoso, la “crisis” que dicen que existe y de la que están viviendo muchos.

A lo que iba: Obama es negro, de orígenes humildes -al menos eso creemos, aunque lo uno no lleva necesariamente a lo otro-, y parece dispuesto a retomar unos ideales que están más allá de lo económico, es decir, de lo que ha estado importando en los últimos tiempos.

No me lo creo.

Para empezar, su ascenso político se ha basado en el apoyo de sectores económicos a los que ahora tendrá que contentar; elogia a su antecesor -el pérfido Bush-, mala cosa; coloca a H. Clinton como ministra de exteriores siendo, como sabemos, notable defensora de la causa de Israel; emplea un tono populista que pone los pelos de punta; y piensa poner todo su empeño en demasiadas cosas.

A pesar de todo, una cosa es segura: lo tiene muy difícil para hacerlo tan mal como el anterior. Parte con esa ventaja.

 

El consenso

Al hilo de la demanda de consenso entre Zapatero y Rajoy por el “asunto” de ETA, una reflexión:

En una sociedad desarrollada como la nuestra y en un sistema democrático como el nuestro, no entiendo porqué tiene que haber consenso, en general, y consenso político, en particular.

En la etapa de la transición de la dictadura de Franco al sistema más o menos democrático que tenemos -etapa ya superada aunque les pese a algunos- estaba justificado, por el riesgo de involución, un consenso generalizado entre los grupos políticos. Y funcionó. Actualmente no tiene sentido.

Es normal, lógico y sano que los ciudadanos -naturalmente incluyo también a los políticos- discrepen y, si las diferencias son sustanciales, importantes, no lleguen a un acuerdo. No es necesario para la marcha de un país el consenso; el Parlamento, el Gobierno y los jueces en la aplicación de las leyes, son suficientes para que funcione.

Discrepar es algo propio de personas reflexivas y, por tanto, deseable en una sociedad donde la libertad de pensamiento y de expresión se constituyen en pilares principales. Salvo en situaciones de emergencia, y no es el caso, no tiene porqué existir consenso.

No tiene sentido consensuar la aplicación de las leyes porque entonces también lo tendría consensuar no aplicarlas.

Otra cosa es que la falta de acuerdo no se obtenga por las discrepancias entre los políticos y sí por el afán mísero de llevarse los votos.