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Educación para la Ciudadanía

Creo que la primera preguntar sería si es necesario educar para la ciudadanía y la segunda quién debería hacerlo. En relación con la primera parece, a la vista de cómo está el personal, que es imprescindible; se han perdido los valores ciudadanos de respeto, tolerancia y civismo. En relación con la segunda, en un Estado aconfesional parece que es el Parlamento el que, elaborando las leyes oportunas -para eso es el poder legislativo- tiene esa misión. Los intereses educativos particulares deberían desarrollarse en el ámbito estrictamente privado; nuestra Constitución y nuestro Sistema Democrático garantizan este derecho.
Entonces, ¿qué puñetas – no me diréis que no soy fino- pretenden algunos padres, algunos políticos y la Conferencia Episcopal?. ¿Quieren seguir con unos privilegios que ya no deberían tener cabida en nuestro Sistema?.
Otra historia es que el contenido de esa asignatura obligatoria deba ser consensuado por los grupos políticos, al igual que las demás, para no tener que estar cambiando sistemas educativos y, por tanto, contenido de las asignaturas cada vez que un grupo accede al poder. Eso es mucho pedir para estos políticos de miradas cortas y egos largos.

 

Un cortijo

Desde tiempo inmemorial los políticos creen que el país es como un cortijo que ellos administran a su antojo.

Desde el enorme despilfarro económico hasta las actuaciones de las que no dan cuenta, pasando por la creación de puestos innecesarios en la administración para colocar a sus babosos, los políticos, desde siempre, mienten, ocultan y engañan a la opinión pública apañando, a sus espaldas, un tinglado de corte mafioso que impide el normal ejercicio de las libertades.

De las últimas publicadas el acuerdo entre los sindicatos de TUSSAM -la empresa pública de transporte urbano de Sevilla- y la dirección para hacer oficial lo que ya era oficioso: solo entran en su plantilla familiares de los que ya están.

El Defensor del Pueblo ha dicho que no es legal y que tienen que recurrir a un concurso abierto o a las listas del Servicio Andaluz de Empleo. La reacción de los sindicatos ha sido amenazar con una huelga dividida en varios periodos entre los que se incluye la Semana Santa y la Feria de Sevilla.

No añado más. Lo dicho, un Cortijo.

 

Marcando el territorio

Estaba en la cola de otra entidad bancaria, esperando para la caja. Era una patio amplio y los que guardábamos el turno no estábamos en fila, como se supone que se está en una cola, sino que unos estaban sentados en el borde de una fuente del centro del patio y otros en unos sillones habilitados al efecto; es decir, una de esas colas en las que, aparentemente, no hay nadie – el otro tipo de cola que hacemos por aquí es aquella en la que la persona que llega no se pone a continuación del último sino a su lado o al lado del penúltimo-.

Llega una señora y no pregunta que quien es el último y, al creerse que está sola, con una sonrisa esplendorosa se sitúa en la línea que hay en el suelo esperando para ser atendido.

Inmediatamente nos levantamos todos, hacemos la cola correspondiente y, educadamente, le indicamos a esta persona que hay unas diez más delante de ella. Sin protestar, pero con la sonrisa triunfal borrada, se sitúa al final.

La persona que está detrás mia dice textualmente: “una vez que hemos hecho el movimiento de afirmación del lugar como dispuesto, y evitado el intento de usurpación del mismo, nos podemos volver a sentar”.

¡Esto es marcar el lugar con elegancia, precisión y riqueza del lenguaje!.

Los animales señalan su territorio orinándose y los humanos que están más próximos a estos, con agresividad y malos modos, pero esta persona nos enseñó que puede hacerse de otra manera.

Un toque de civismo, admito que algo cursi… ¡que bien me sentó en esa mañana fría de Navidad!.

 

A mi perro

Pasa nene que aquí estamos más calentitos. Ten cuidado y no te vayas a manchar que el suelo está sucio. ¡Mi niño bonito!. Mire usted que ojos tiene. Ven con mamá. ¿Pero no estas viendo que aquí no se juega?. ¡Si tu padre te viera!. Venga que nos toca a nosotros ahora. Si al final te van a pisar. Ya está bien, ¿no te das cuenta que no debes portarte mal?. Anda, despídete que nos vamos.

Es una muestra de una conversación que tenía una señora con su perro – ataviado con gorro, chaleco y bufanda- en la cola de un banco hace unos días.

Por cierto… yo no tengo perro.