Protocolos

Es uno de los téminos de modo desde hace algún tiempo: todo se rige por protocolos.
Muchas de nuestras actuaciones y de nuestros actos se articulan a través de protocolos, es decir, de una serie de elementos ordenados y de obligado cumplimiento, en función de un diagnóstico inicial.
Además de un acto de comodidad -ej: en una misma enfermedad todos los médicos aplican el mismo protocolo establecido según la autoridad competente- sirve para evitar responsabilidades -ej: ante la gripe A y el espantoso ridículo que hicieron algunas autoridades políticas, con abusivo coste económico incluido, se limitaron a responder: aplicamos el protocolo establecido para estos casos.
Ante un protocolo, se anula nuestra capacidad de reflexión y de decisión: se nos dice lo que hay que hacer y eso es todo.
¿Que pasa si el diagnóstico está mal hecho?. ¿Que pasa si los resultados no son los esperados después de aplicar el protocolo?. Lo más frecuente es que nos escudemos en que estamos aplicando el protocolo recomendado y no nos detengamos a reflexionar sobre el diagnóstico, sobre si el protocolo está bien desarrollado, si contempla y es válido para todos los casos, si admite variantes…
En resúmen, un protocolo es algo cerrado, invariable; es decir: terrorífico.
Prefiero las alternativas, las dudas, las diversas opiniones libres de protocolos, las incertidumbres.

 

Dejar un comentario