Archivo de Junio de 2009

Alcalde de Sevilla

Alfredo Sanchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, a falta de más argumentos -su falta de inteligencia es ya un clásico- descalifica a los que no tienen la misma idea de la ciudad que él diciendo que provienen de la ideología “nacional católica”. Es usted un imbécil, Sr alcalde -me permito insultarlo con la venia que me dá haber sido insultado por usted.
Creo -y es un derecho que tengo- que está destruyendo Sevilla. Está haciendo una ciudad copia de otras que, por esto mismo, está perdiendo sus señas, sus peculiaridades y sus encantos. Lo decimos muchos ciudadanos y muchas instituciones -incluida la Unesco.
Mi pensamiento es – a la vista de sus actuaciones- bastante más de izquierdas que el suyo y me siento profundamente insultado por sus comentarios -es broma, para insultarme a mí hacen faltan muchos monteseirines.
Estar de acuerdo, o no, con la forma de actuar en una ciudad no es cuestión de ideologías y cada cual tiene , o debería tener, su punto de vista. Lo que no es de recibo, por poco ético, es actuar de espaldas al sentir de la ciudadanía pensando que, con el voto, depositamos el permiso para cualquier barrabasada.
Como su insulto es, cualitativamente, bastante mayor que el mío, permítame otro: es usted un memo, don Alfredo, que no tiene categoría para representar a la ciudad de Sevilla.

 

Elecciones europeas

De nuevo tenemos el circo mediático que montan los partidos políticos en las campañas electorales: concurso de tontos con banderitas, aparición del líder como una estrella de cine, aplausitos contínuos por cada memez que se le ocurre, un tono en la oratoria que ¿parece? dirigida a idiotas, promesas que ya no se cree nadie -salvo los de las banderitas, claro- mucha música triunfal y globitos a lo americano.

El discurso, vacío. Lo importante para un líder -perdón por la estúpida palabra pero ellos se llaman así- no es pensar, reflexionar, plantear ideas, diseñar estrategias, afrontar compromisos; lo importante es hablar y si es con insultos al contrario, mejor.

Me es difícil entender qué se creen estos estúpidos profesionales de la política.

Una alta dosis de narcicismo mezclada con un toque de cinismo, gran apego al dinero, unos polvitos de cara muy dura y una alta resistencia al ridículo, es el perfil de estos elementos. De interés por mejorar la vida del ciudadano, nada; de interés por mejorar el país, nada; de interés por la educación, nada. Aspiraciones de vivir del cuento -rodando de puesto en puesto si es necesario- y de mantenerse el mayor tiempo posible viviendo del resto de los ciudadanos -impuestos-, todas.

No crean que tengo un mal día; si lo tuviera, no hubiese escrito nada por respeto al lenguaje.