Archivo de Enero de 2009

Convalidación

Existe un proyecto del Ministerio de Educación y Ciencia de convalidar el trabajo de ama de casa por algunas asignaturas de FP. En un coloquio de Iñaki Gabilondo con amas de casa, estas defendían que tienen conocimientos convalidables de Enfermería, Medicina, Dirección de Empresa, Economía, Psicología, y un larguísimo etc. Además de la convalidación reclamaban el reconocimiento de la sociedad -a ser posible con un salario, claro-.

A pesar de los tiempos de estupidez en los que estamos -este proyecto solo persigue elevar la cantidad de títulos para equipararnos a Europa y maquillar el vergonzoso fracaso de nuestro sistema educativo-, me parece que un título requiere una Formación dirigida, una valoración de esos conocimientos, una comparación con los estándares exigidos – un exámen, vamos- y un rigor que dista mucho de la intencionalidad de la ministra y compañía.

La experiencia es un grado, pero un grado que hay que baremar. Su reconocimiento no debe implicar bajar la calidad de las titulaciones ni menospreciar el esfuerzo de los que cada día se dejan las pestañas en las aulas. El reconocimiento de la labor de las amas de casa -me apunto con entusiasmo- no se puede compensar, en nuestro sistema económico, con un salario porque no genera riqueza -aunque por esta misma razón habría que eliminar el de los incontables cargos intermedios de la Administración ocupados por perfectos inútiles que no solo no suman sino que restan-.

Resumiendo: convalidemos lo que haga falta pero manteniendo criterios de calidad y exigencia.

 

El negocio del medioambiente

Qué curioso resulta que los políticos se estén interesando cada vez por el Medio Ambiente y lo bien que están viviendo a costa de este.

El hablar del tema -cobrando, naturalmente- sin el más mínimo rigor, está de moda.

Es un comportamiento, además de interesado, curioso. El estudio del Medio Ambiente es una disciplina científica pero, al contrario que en toda ciencia, las discrepancias se silencian. Solo se le dá publicidad a lo que comulga con lo que vende- sería lo políticamente correcto-. En Ciencia, los hallazgos se contrastan, se replican y, como mínimo, se duda de ellos. El escepticismo es la base de la Ciencia. Nadie se ofende, más bien al contrario, si su nueva teoría no se pone en cuarentena y no le salen doscientos investigadores dispuestos a discutirla y refutarla.

Teorías contrarias al calentamiento, a la disminución del grosor del hielo en los Polos, al impacto de la actividad humana en el Ambiente, etc. hay muchas y todas ellas con una base empírica de la que carecen la mayoría de las “oficiales” -científicos de elevado prestigio las avalan-.

Cantantes, artistas, políticos, ONGs, han encontrado un filón por el que seguir engañando al personal y, cómo no, seguir llenándose los bolsillos.

“Las mentiras del cambio climático” de Jorge Alcalde incide de una manera didáctica sobre este gran negocio.

 

Probablemente, Dios no existe

La Unión de Ateos y Librepensadores promueve una campaña con el lema “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Rouco Varela- ¡qué gran tipo!- y los obispos españoles, arremeten contra la campaña y la califican de “ofensiva, lesiva y blasfema”. Los Evangélicos hacen otra campaña con el lema “Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo”.

Yo me tengo por ateo, pero la campaña del “Probablemente Dios no existe…” me parece una memez de una magnitud equiparable a las campañas de católicos -por cierto, con que facilidad se ofenden los que estan ofendiendo constantemente- y evangélicos. ¿Desde cuando tenemos los ateos que presionar a nadie para que comulgue con nuestros principios?. ¿No quedamos en que lo deseable es que cada cual tenga sus ideas y de que estas sean absolutamente respetables para todos?. ¿Hay que hacer campaña para reclutar adeptos a la causa atea?.

No necesitamos ateos, ni necesitamos creyentes. Necesitamos pensar, reflexionar y decidir sin miedos ni coacciones.

 

Soraya y las ministras

Hace unos meses fueron las ministras del gobierno (PSOE) posando para una revista de modas y ahora es Soraya Saez de Santamaría (PP) la que nos dá su particular visión de la “mujer fatal” haciendo lo propio en otra revista -naturalmente, los políticos del PP criticaron las situación cuando posaron las ministras y ahora dicen que se equivocaron para no criticar lo mismo en una mujer de su partido; lo de siempre-.

Si estas mujeres tienen la obligación, entre otras, de vigilar y ciudar la imágen de la mujer, ¿como es posible que se producan situaciones como las comentadas?. ¿Es que todavía tenemos que pensar que la imágen de la mujer está asociada a estas “posturitas” absurdas?. Particularmente me resultan absolutamente ridículas esas poses y ese “glamour”. Eso no es lo que yo valoro en una mujer. Nunca he entendido, salvo por una relación inversamente proporcional a la inteligencia, que una mujer -ej: en las galas de cine- tenga que ir vestida con esos espantoso modelitos, luciendo espalda y tetamen.

No creo que “lo femenino” -alguna vez deberíamos analizar qué significa esto- deba referirse a lo superficial, a lo cursi, a lo provocativo, y no creo que las mujeres en general, y las que tienen responsabilidades politicas en particular, deban seguir insistiendo en esta línea. Pertenece a tiempos pasados equiparar mujer a frivolidad.

 

Obama

Después de 2 años sin registrar ninguna entrada, me ha parecido interesante retomar esta tarea al hilo de la investidura de B. Obama como presidente de los Estados Unidos.

Creo que es lo único original que ha pasado en este tiempo (los mismos politicos torpes, indecentes, inútiles); las mismas guerras, aunque agravadas; los mismos miedos; las mismas incertidumbres; deterioro de la economía etc. Lo único novedoso, la “crisis” que dicen que existe y de la que están viviendo muchos.

A lo que iba: Obama es negro, de orígenes humildes -al menos eso creemos, aunque lo uno no lleva necesariamente a lo otro-, y parece dispuesto a retomar unos ideales que están más allá de lo económico, es decir, de lo que ha estado importando en los últimos tiempos.

No me lo creo.

Para empezar, su ascenso político se ha basado en el apoyo de sectores económicos a los que ahora tendrá que contentar; elogia a su antecesor -el pérfido Bush-, mala cosa; coloca a H. Clinton como ministra de exteriores siendo, como sabemos, notable defensora de la causa de Israel; emplea un tono populista que pone los pelos de punta; y piensa poner todo su empeño en demasiadas cosas.

A pesar de todo, una cosa es segura: lo tiene muy difícil para hacerlo tan mal como el anterior. Parte con esa ventaja.