Responsabilidad individual
Desde hace tiempo observamos cómo se intenta, desde ámbitos políticos y sociales, diluir la responsabilidad individual justificando comportamientos agresivos contra la sociedad como una “consecuencia lógica” de la opresión que esta ejerce sobre el individuo.
Cuando un alumno no estudia, dicen que lo hace por rebeldía contra el sistema; cuando un etarra mata, dicen que lo hace forzado por la imposición de un sistema político antidemocrático; cuando alguien comete actos incívicos, dicen que lo hace por la frustración de no tener trabajo ni dinero; en caso de malos tratos, es por la presión a que estaba sometido el infractor, etc.
Nadie es responsable de nada. Todo es consecuencia de una sociedad injusta que favorece la opresión y el desarraigo.
La consecuencia es inmediata: no podemos solucionar nada, solo tolerar y “comprender”. Dicho de otro modo, tenemos que resignarnos a vivir soportando injusticias de todo tipo, desde las más sutiles a las más evidentes, para no parecer ciudadanos aislados o marginados del sistema. Y encima, deberíamos sentirnos culpables.
Cuando una persona agrede, ensucia, insulta y no cumple con unos preceptos cívicos mínimos, ella es la única responsable, y es un derecho y un deber de la propia sociedad no dejarse coaccionar y responder con los medios legales que tiene a su disposición.
La tolerancia de una sociedad democrática se refiere a las ideas, a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión, pero nunca a comportamientos que atentan contra los derechos de los ciudadanos, y si la propia sociedad no responde a los compromisos que tiene con los individuos, esto no justifica nunca los desmanes de aquellos. Existen medios para gestionar quejas, insatisfacciones, agravios e injusticias de forma democrática y legal.
La responsabilidad de nuestros comportamientos es individual, personal e intransferible, y las consecuencias de estos comportamientos, también, aunque a veces algunos políticos miren hacia otro lado para no exigir esas responsabilidades y perder los votos de los que están todos cautivos.
Que yo sea “yo y mis circunstancias” no me exime de mis responsabilidades.
Amén.