Archivo de Mayo de 2006

El alcalde

El alcalde de Sevilla es un ejemplo del típico político: cínico, falso, embustero, megalómano, asido al sillón de alcalde pase lo que pase y con la costumbre de decir a cada uno lo que a este le gusta oir.

Ha talado , últimamente, cien árboles y, al día siguiente, estaba firmando un escrito que ofrecía un grupo ecologista en la puerta del Ayuntamiento contra la tala de árboles.

Ha dicho en una entrevista radiofónica que la Avenida de la Constitución será peatonal con “un proyecto que respeta escrupulosamente el medio ambiente”, a pesar de haber talado los árboles, a pesar de no tener permiso de obras, a pesar de no tener estudio de impacto ambiental y de haber destruido restos arqueológicos en la Puerta de Jerez.

Nunca tiene la culpa de nada -facturas falsas de obras no realizadas, gastos de viaje de los amiguetes de Izquierda Unida en Cuba, robo de una cubierta deportiva, amiguismo en la contratación de personal, huelga y chuleo de los taxistas, botellonas incontroladas, suciedad de las calles, más talas de árboles por negligencias varias, encarecimiento de obras, destrucción de zonas emblemáticas de la ciudad, etc- y siempre está sonriente.

Ya dejó económicamente tocada la Diputación -fue presidente de este Organismo- y está dejando maltrechas las arcas del Ayuntamiento. No pasa nada.

La falta de criterio y de crítica de esta sociedad nuestra, junto con las campañas de imagen y de llamada al orden para que no se critique al alcalde, hará que lo vuelvan a votar. ¿Qué se apuestan que vuelve a salir?.

 

Tristeza

Después de ver la que se ha montado con el partido y la victoria del Sevilla FC, siento una enorme tristeza, aunque quizás sea vergüenza, de pertenecer a una sociedad sevillana, andaluza, europea -es igual, ya que el fenómeno se observa en cualquier sitio- donde existen masas de sujetos no pensantes que se movilizan de esa forma por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

Dirigentes y periodistas que utilizan a esa masa, que exageran hasta lo grotesco la importancia de esa victoria, que insultan a la inteligencia con comentarios zafios, banales, intrascendentes y políticos que jalean y que permiten que una ciudad se colapse, aunque la mayoría de los ciudadanos no participen de esos actos.

Gente llorando, gente soportando esperas interminables, atascos, gastando un dinero que, probablemente, lo emplearían mejor en otra cosa y, encima, orgullosos.

Qué pena que no nos movilicemos contra el empleo precario, contra las injusticias sociales, contra la carestía de la vivienda, contra la especulación, contra los alcaldes cínicos y deshonestos, etc, etc, etc, y lo hagamos por un partido o una victoria de un equipo de fútbol.

A la célebre frase de Marx, sobre que la religión era el opio del pueblo, habría que añadirle: y el fútbol, también.