Ese lenguaje

Observando un poco los comportamientos de la gente, en este caso el verbal, podamos darnos cuenta de lo poco originales que somos. Expresiones del tipo: “como no puede ser de otra forma”, “venga”, “no cabe la menor duda”, “en su conjunto”, “te comento”, “qué fuerte”, “me explico”, “no te preocupes”, y tantas otras, se ponen de moda y las repetimos todos.

No somos capaces de tener un lenguaje sin tantos estereotipos, más propio de cada uno, más personal. Según el ambiente donde nos encontremos, repetimos y repetimos y, según lo que ponga de moda el modelo o líder de turno, así hacemos y decimos. El entorno condiciona pero, a medida que descendemos en la escala intelectual, lo hace con más fuerza. Es penoso oir a políticos, deportistas, artistas, etc., ese comportamiento verbal vicario e irreflexivo.

En relación al comportamiento no verbal, tenemos más de los mismo: la manera de mecer a los bebés en el cochecito o de acunarlos entre los brazos balanceando el cuerpo -aunque no le haga ninguna falta-, el gesto de llamar por teléfono extendiendo el meñique y el pulgar, las comillas que dibujamos en el aire cuando hablamos, el nudo de la bufanda, etc.

Tengo la impresión de que esta sociedad, que lo copia todo, avanza muy poco. La progresión es un proceso reflexivo que está reñido con lo compulsivo. Esa absurda idea de modernidad basada en la imitación de lo superficial, de la imagen y de los gestos, nos aliena en la medida en que nos priva de desarrollar las capacidades necesarias para inventar, crear y pensar. Una pena.

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