Un cuento Natural

Estaba la Madre Naturaleza hablando con sus hijos Tierra, Agua y Aire, y recibiendo de ellos quejas de sus hermanos menores los Humanos.

Tierra se quejaba de que estaba subiendo su temperatura, aumentando la deforestación, se estaba desertizando y, por tanto, perdiendo biodiversidad.

Por su parte, Agua se lamentaba de la contaminación de sus ríos y mares, de la subida de su nivel por el deshielo de sus glaciares y por el daño que producía a su hermana Tierra al ir ganándole terreno.

Aire, le señalaba que estaba cada vez más sucio, más contaminado y más estresado por el efecto invernadero.

Todos culpaban a sus hermanos Humanos como la causa de sus males, pero la Madre no alertaba a sus hijos Humanos con suficiente firmeza por miedo a no ser considerada una buena madre; no queria reñir a sus hijos menores ni imponer su voluntad aunque esto perjudicase a sus otros hijos Tierra, Agua y Aire. Pensaba que aquellos terminarían por aprender y ayudar a sus hermanos a restablecer su salud y se contentaba con enviarles pequeños toques de atención -inundaciones cada vez más frecuentes, huracanes más virulentos, sequías mas duraderas y disminución de la capa de Ozono-, esperando su reacción.

Pero la Madre Naturaleza no contaba con la ambición de los Humanos y sus cortas entendederas.

Poco a poco al principio y rápidamente después, la salud de sus hijos se fue deteriorando y cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde. El final fue terrible. Los Humanos habían destruido a sus hermanos y con ellos a la Madre Naturaleza. No quedaba nada salvo el lamento y el llanto de unos seres imbéciles, que nunca supieron nada, y que se limitaban a decir: es que yo solo… ¿ que puedo hacer?.

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