Marcando el territorio

Estaba en la cola de otra entidad bancaria, esperando para la caja. Era una patio amplio y los que guardábamos el turno no estábamos en fila, como se supone que se está en una cola, sino que unos estaban sentados en el borde de una fuente del centro del patio y otros en unos sillones habilitados al efecto; es decir, una de esas colas en las que, aparentemente, no hay nadie - el otro tipo de cola que hacemos por aquí es aquella en la que la persona que llega no se pone a continuación del último sino a su lado o al lado del penúltimo-.

Llega una señora y no pregunta que quien es el último y, al creerse que está sola, con una sonrisa esplendorosa se sitúa en la línea que hay en el suelo esperando para ser atendido.

Inmediatamente nos levantamos todos, hacemos la cola correspondiente y, educadamente, le indicamos a esta persona que hay unas diez más delante de ella. Sin protestar, pero con la sonrisa triunfal borrada, se sitúa al final.

La persona que está detrás mia dice textualmente: “una vez que hemos hecho el movimiento de afirmación del lugar como dispuesto, y evitado el intento de usurpación del mismo, nos podemos volver a sentar”.

¡Esto es marcar el lugar con elegancia, precisión y riqueza del lenguaje!.

Los animales señalan su territorio orinándose y los humanos que están más próximos a estos, con agresividad y malos modos, pero esta persona nos enseñó que puede hacerse de otra manera.

Un toque de civismo, admito que algo cursi… ¡que bien me sentó en esa mañana fría de Navidad!.

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