Archivo de Enero de 2006

Ideas e ideologías

¿Son necesarias las ideologías?. Entiendo que no.

Si entendemos por ideología un marco cerrado, una doctrina de mandatos e imposiciones que no admite discusión, me parece que es incompatible con la reflexión, la crítica y la capacidad de decidir.

Una ideología marca un camino de vida, pero un camino impuesto, que no nuestro, y que no podemos modificar.

Ideologías religiosas, políticas, sociales o económicas, empobrecen la capacidad de desarrollo de la persona.

Aunque se achaca frecuentemente la crisis ética de nuestra sociedad a la falta de ideologías, creo que lo que faltan son ideas.

Es necesario estimular desde la escuela la capacidad de análisis, de discusión y de crítica para fomentar la génesis de ideas e ir adecuándolas a nuestra etapa vital. Las ideas son modificables -sería absurdo pensar que una persona piensa igual con quince, con cuarenta o con setenta años- y su desarrollo nos permite escapar de la alienación que supone la aceptación, sin más, de una ideología.

Ya dijo un conocido político que “el que se mueve no sale en la foto”. Esto es así en casi todos los foros (trabajo, amigos, política, religión…) y quien no cumple con la ideología, con lo que se espera de él, es apartado y marginado.

El desarrollo de ideas enriquece y el sometimiento a una ideología, empobrece.

No solo creo que las ideologías no son necesarias sino que entiendo que son la causa de nuestra estulticia y nuestra degeneración mental.

 

Luchadores

Me gusta la gente que lucha. Me gusta la gente que se sobrepone a las adversidades y que, en lugar de utilizar la queja permanente, desarrolla el esfuerzo necesario para superar la situación y buscar nuevas alternativas. Me gusta la gente que mira siempre hacia adelante. Me gusta la gente que no se amilana por las adversidades. Me gusta la gente que toma decisiones y que busca otros caminos cuando lo que quiere no puede conseguirlo. Me gusta la gente que vive sin necesidades -implican que algo es imprescindible para poder seguir- y que, por tanto, utiliza los quiero o me gustaría -entienden que nada es necesario y que siempre hay alternativas-.Me gusta, en fin, la gente que no depende de un logro y que justifica su vida con la lucha y el esfuerzo mirando siempre hacia adelante.

 

Un cuento Natural

Estaba la Madre Naturaleza hablando con sus hijos Tierra, Agua y Aire, y recibiendo de ellos quejas de sus hermanos menores los Humanos.

Tierra se quejaba de que estaba subiendo su temperatura, aumentando la deforestación, se estaba desertizando y, por tanto, perdiendo biodiversidad.

Por su parte, Agua se lamentaba de la contaminación de sus ríos y mares, de la subida de su nivel por el deshielo de sus glaciares y por el daño que producía a su hermana Tierra al ir ganándole terreno.

Aire, le señalaba que estaba cada vez más sucio, más contaminado y más estresado por el efecto invernadero.

Todos culpaban a sus hermanos Humanos como la causa de sus males, pero la Madre no alertaba a sus hijos Humanos con suficiente firmeza por miedo a no ser considerada una buena madre; no queria reñir a sus hijos menores ni imponer su voluntad aunque esto perjudicase a sus otros hijos Tierra, Agua y Aire. Pensaba que aquellos terminarían por aprender y ayudar a sus hermanos a restablecer su salud y se contentaba con enviarles pequeños toques de atención -inundaciones cada vez más frecuentes, huracanes más virulentos, sequías mas duraderas y disminución de la capa de Ozono-, esperando su reacción.

Pero la Madre Naturaleza no contaba con la ambición de los Humanos y sus cortas entendederas.

Poco a poco al principio y rápidamente después, la salud de sus hijos se fue deteriorando y cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde. El final fue terrible. Los Humanos habían destruido a sus hermanos y con ellos a la Madre Naturaleza. No quedaba nada salvo el lamento y el llanto de unos seres imbéciles, que nunca supieron nada, y que se limitaban a decir: es que yo solo… ¿ que puedo hacer?.

 

¿Pactos democráticos?

Creo que no es de recibo otorgar un poder que no dan las urnas en función de intereses políticos. Los niveles de representatividad y, por tanto, de protagonismo lo deberían marcar los votos de los ciudadanos.

Partidos minoritarios y/o con escaso apoyo de los ciudadanos no deben tener esa cuota de poder que otros partidos les otorgan en función del compadreo que supone “me apoyas con tus votos en las instituciones para que yo pueda imponer mi programa y, a cambio, yo te cedo cargos y parcelas de poder y de influencia.

Si tras las elecciones, partidos como IU, PA, ERC etc. no obtienen los votos que les permitan ejercer una mayor influencia, ¿por qué se la tienen que dar otros partidos que necesitan sus votos para lograr esa mayoría que les permite gobernar a sus anchas?.

Estos partidos minoritarios que, después de vender sus votos al que más ofrece, modifican sus políticas renunciando a lo que en otro tiempo era irrenunciable y pasan la mano vergonzosamente en cosas impensables antes de los pactos justificando los injustificable cuando no tenían ese poder o cuando el pacto era con otro, no deberían, por ética y coherencia, aceptar ese trapicheo antidemocrático, aunque legal, que les ofrecen otros partidos.

Esa idea de la necesidad de mayorías para actuar en política, creo que no es de recibo. Nuestros representantes en las insituciones lo son en la medida en que el voto popular otorga esa representación y las diferentes propuestas deben ser votadas por estos representantes, solo en función del programa que llevaron a las elecciones. Cuando haya necesidad de pactar o de negociar creo que debe hacerse con acuerdos puntuales y nunca ofreciendo -vendiendo- cargos y poderes.

El pacto es una muestra más del talante antidemocrático de nuestros políticos que buscan, sobre todo, influencia, poder y mantenerse como sea en lo mas alto.

 

Marcando el territorio

Estaba en la cola de otra entidad bancaria, esperando para la caja. Era una patio amplio y los que guardábamos el turno no estábamos en fila, como se supone que se está en una cola, sino que unos estaban sentados en el borde de una fuente del centro del patio y otros en unos sillones habilitados al efecto; es decir, una de esas colas en las que, aparentemente, no hay nadie – el otro tipo de cola que hacemos por aquí es aquella en la que la persona que llega no se pone a continuación del último sino a su lado o al lado del penúltimo-.

Llega una señora y no pregunta que quien es el último y, al creerse que está sola, con una sonrisa esplendorosa se sitúa en la línea que hay en el suelo esperando para ser atendido.

Inmediatamente nos levantamos todos, hacemos la cola correspondiente y, educadamente, le indicamos a esta persona que hay unas diez más delante de ella. Sin protestar, pero con la sonrisa triunfal borrada, se sitúa al final.

La persona que está detrás mia dice textualmente: “una vez que hemos hecho el movimiento de afirmación del lugar como dispuesto, y evitado el intento de usurpación del mismo, nos podemos volver a sentar”.

¡Esto es marcar el lugar con elegancia, precisión y riqueza del lenguaje!.

Los animales señalan su territorio orinándose y los humanos que están más próximos a estos, con agresividad y malos modos, pero esta persona nos enseñó que puede hacerse de otra manera.

Un toque de civismo, admito que algo cursi… ¡que bien me sentó en esa mañana fría de Navidad!.