La libertad de expresión
Increíble que, en estos tiempos, se cuestione la libertad de expresión por un partido político que, como casi todos, debe su razón a la existencia de un Estado democrático.
Es el caso de Izquierda Unida que, a través de una proposición de ley, ha propuesto regular la profesión periodística de tal manera que el Estado se arrogaría la potestad de expedir y retirar carnés de periodistas. No solo esto. Se crearían, además, comités intermediarios en las redacciones y órganos de censura -consejos de información les llaman- dependientes del Parlamento.
No son los únicos. ERC queriendo cerrar laCOPE, el Parlamento catalán aprobando una ley que le otorga la potestad de cerrar un medio de comunicación, la censura interna de los partidos, etc.
O los ciudadanos espabilamos o lo llevamos crudo.
Son los tribunales los únicos que tienen competencias para, amparándose en los derechos constitucionales y en el cumplimiento de las leyes vigentes, establecer las medidas que estimen oportunas. Los únicos.
Los ataques a la libertad de expresión son continuos desde los propios partidos políticos, las instituciones y las asociaciones. Acabar con ella sería lo mismo que acabar con la democracia. Callar ante estos ataques no hace sino confirmar la indiferencia que, quizás calculadamente, vá anidando en los ciudadanos y que nos deja indefensos ante el abuso y la corrupción.
La libertad de expresión tiene límites. Dejemos que sean los jueces los que los apliquen.