La estrella del norte
« Relatos breves de ficción | Escrito el 12/02/2009 21:57 por JuanLa estrella del norte escrito por Luisa Navarro de Haro. España)
El cielo se había quedado huérfano. Acababa de apagarse la última estrella.
Los ciudadanos de Arcadia miraban en silencio la infinita negrura con la angustia de quien sostiene sin éxito la mano de su amada al borde de un precipicio. Algunos cayeron al suelo atrapados por ese tapiz de sombra que ahora coronaba sus cabezas. La única luz de aquella aciaga noche era la del candil que Celia sostenía con su pequeña mano.
Visto desde el cielo las caras de sorpresa, las lágrimas y los gemidos de los arcanos se sucedían formando círculos en torno al candil como si el destino señalara con su dedo la única esperanza. El cielo se había dado la vuelta y la única estrella ahora reposaba sobre tierra firme.
Sostenida sobre sus pequeños zapatos de la talla 28 Celia recordaba lo que su abuela le había contado acerca de las estrellas. Estaban hechas de azúcar y dentro tenían una sustancia semejante a los sueños como si los anhelos o los deseos de los hombres pudieran empaquetarse.
Arcadia fue elegida por los guardianes de las estrellas. Pero hace ya tiempo que esta pequeña ciudad crecía con la soberbia de quien se cree invencible por ser respetado pues el cuidado de las estrellas hacía a este pueblo intocable. Aunque hoy por primera vez los arcanos experimentaban la derrota.
Rodeada de lamentos y tristezas Celia sacó de su pantalón un lápiz, un papel, un trozo de cordel, un caramelo que parecía esforzarse por querer escapar de su envoltorio, una cerilla y un globo, y escribió con mesura: “Enciende por favor de nuevo las estrellas. Sé que se las cuida regándolas con palabras hermosas durante la noche. A partir de ahora lo haré. También prometo no decir mentiras y cuida de la abuela”.
Mientras un grupo de niños la observaba, infló el globo y ató el mensaje. Con los ojos cerrados extendió su brazo y dejó escapar entre sus dedos la última esperanza.
Aquella frase que ascendía orgullosa me conmovió. Eran las únicas palabras sinceras que se habían dicho en Arcadia desde hacía años porque a cada mentira una pizca de polvo de estrellas se consumía. Ese era el trato que los guardines sellamos con Arcadia hacía siglos.
-Celia, es tarde. Vamos.- Le dijo suavemente su madre asiendo el candil que la pequeña había dejado sobre el suelo. Celia cogió la mano temblorosa de su madre y desaparecieron entre la penumbra. En el cielo una pequeña mota de luz comenzó a tintinear.