Entendimiento imposible
« Relatos breves de ficción | Escrito el 09/03/2009 21:23 por JuanRelación imposible (escrito por Juan Carrión.España)
Imagínense la siguiente escena: Ella, una mujer de unos 25 años aproximadamente, sentada en un café del parque, esperando; en la mesa, una taza de café vacía y el cenicero con restos de cigarrillos. Pide otro café al camarero. El, de aspecto desaliñado y de la misma edad aproximada, llega, sin prisa, y se acerca a la mesa que ocupa ella.
- Hola –dice Él sin darle un beso-, disculpa la tardanza pero no he podido venir antes.
- ¿Podrás hacerlo alguna vez? –replica Ella.
- No empieces, solo ha sido un retraso sin importancia.
- Lo importante son tus continuos retrasos con las mismas excusas. Creo que merezco un respeto.
- ¿Y tus continuas tonterías?. ¿Ya no te acuerdas de aquella vez que…
- No empieces otra vez a traer cosas pasadas –interrumpió Ella. ¿Podemos centrarnos en hablar de tus continuas impuntualidades?.
El camarero se acerca por si Él quiere tomar algo. “No moleste. ¿No ve que estamos hablando?”.
- A mí me molestó más que quedaras con tus amigas y te fueras a cenar con ellas.
- De eso hace 6 meses.
- Sí, pero, además, vas al cine, sales de compras…
- Si quedo contigo a las cinco y media –insiste Ella-, es decir, si te comprometes a que nos veamos a las cinco y media, ¿por qué siempre llegas una hora tarde?.
- ¿Ya no te acuerdas de aquella vez que fui a buscarte y no estabas?.
- Si te comprometes conmigo a una determinada hora, no entiendo que me hagas esperar; sabes lo que me molesta.
- Además –dice Él- si no fueras tan perfeccionista, tan exacta, tan intransigente…
- No te preocupa que te esté esperando un día y otro –vuelve a interrumpir Ella, que iba subiendo progresivamente su tono de voz. Vas a conseguir que pierda el interés por verte.
- ¿Y cuando se te olvidó mi regalo de cumpleaños?. No sabes lo mal que me sentó.
- Si no fueras tan desconsiderado, no llegarías tarde sistemáticamente. Deberías entender que si quedamos a las 5,30, es para vernos a las 5,30.
- Y lo que gastas – dice Él, elevando también el tono de su voz. Las tiendas te resultan irresistibles: siempre comprando. Debe de ser una tortura pasar por una tienda y sentir la obligación de entrar.
- Estás llegando al límite con tu impuntualidad –grita Ella; siempre te estoy esperando.
- Y esa manía tuya de gritar, gritar y gritar. No lo aguanto más.
Ella se levanta deprisa, golpeando la silla con el pie, y se va.
Él se queda sentado, enfadado, esperando al camarero: tiene que pagar la cuenta.