Impresentable

La solución a la crisis originada por los mercados y los bancos y alimentada por la avaricia sin límite de los políticos, la quieren resolver a costa de los trabajadores.
Los que han despilfarrado el dinero público a manos llenas -por cierto, en política parece que no hay nunca responsables de nada: nadie dimite, nadie se vá, aunque fuera por verguenza- no han sido los ciudadanos; los que han permitido la especulación en bolsa, en la construcción, en las inversiones de los bancos, no han sido los ciudadanos; los que suben y bajan las bolsas de forma artifical, no son los ciudadanos; los que crean organismos públicos y fundaciones para colocar a los ex cargos políticos y a los amiguetes, no son los ciudadanos; los que se otorgan unos sueldos estratosféricos -parlamentarios, directores generales…- no son los ciudadanos.
No contentos con arrimar dinero público para salvar a algunas entidades financieras privadas, siguen recortando el gasto público a costa de los trabajadores – a los que, encima, les piden que sean solidarios y que acepten las medidas, incluida pagar una prima de 600.000 euros a los futbolistas de la selección española por hacer su trabajo, sin rechistar- con unos planteamientos que el sentido común y algunos expertos economistas dicen que solo conseguiran elevar el paro.
Los sindicatos -con el estómago lleno- solo amagan y los ciudadanos, pasivos, ni protestan.
¿Cuando una gran manifestación ciudadana, europea, nacida de movimientos civiles, para protestar contra estos elementos indeseables?

 

Protocolos

Es uno de los téminos de modo desde hace algún tiempo: todo se rige por protocolos.
Muchas de nuestras actuaciones y de nuestros actos se articulan a través de protocolos, es decir, de una serie de elementos ordenados y de obligado cumplimiento, en función de un diagnóstico inicial.
Además de un acto de comodidad -ej: en una misma enfermedad todos los médicos aplican el mismo protocolo establecido según la autoridad competente- sirve para evitar responsabilidades -ej: ante la gripe A y el espantoso ridículo que hicieron algunas autoridades políticas, con abusivo coste económico incluido, se limitaron a responder: aplicamos el protocolo establecido para estos casos.
Ante un protocolo, se anula nuestra capacidad de reflexión y de decisión: se nos dice lo que hay que hacer y eso es todo.
¿Que pasa si el diagnóstico está mal hecho?. ¿Que pasa si los resultados no son los esperados después de aplicar el protocolo?. Lo más frecuente es que nos escudemos en que estamos aplicando el protocolo recomendado y no nos detengamos a reflexionar sobre el diagnóstico, sobre si el protocolo está bien desarrollado, si contempla y es válido para todos los casos, si admite variantes…
En resúmen, un protocolo es algo cerrado, invariable; es decir: terrorífico.
Prefiero las alternativas, las dudas, las diversas opiniones libres de protocolos, las incertidumbres.

 

Otra vez el pañuelo

De nuevo una absurda polémica a raíz de la negativa de un Instituto de Madrid para no permitir asistir a clase a una alumna por llevar cubierta la cabeza con un pañuelo.
En primer lugar, el Centro tiene unas normas que, entre otras, prohibe asistir a clase a CUALQUIER alumno con la cabeza cubierta. Es una norma para TODOS los alumnos y, por tanto, no parece de recibo hacer una excepción con alguno. Por elementales formas de convivencia, la indumentaria de los alumnos debe acogerse a unas normas que, legalmente, acuerdan los Centros.
En segundo lugar, los “progres” de turno, saliéndose por la tangente, argumentan que es un problema de falta de tolerancia religiosa -la niña es de religión musulmana- o de falta de respeto a las identidades culturales.
Dos puntualizaciones:
a) en España existe absoluto respeto por cualquier religión y todos podemos desarrollar esta faceta sin ningún tipo de restricción; es algo PERSONAL y todos tenemos la posibilidad de vivirlo de acuerdo a nuestras creencias – acudir a centros religiosos, ritos, actividades…-.
b) en lo que respecta a la tolerancia cultural, también es evidente que en España se tolera absolutamente cualquier manifestación de este tipo, pero debería hacerse siempre respetando la legalidad – parece que este debe ser un requisito imprescindible- ; aunque no guste a algunos, el pañuelo al que nos referimos es un símbolo de la dominancia y sumisión de la mujer al hombre. Por muy cultural que esto sea, en un país europeo estas manifestaciones deberían ser inadmisibles -en Francia está prohibido su uso en la escuela. Es curioso que algunas intelectuales musulmanas se declaren favorables al uso de este pañuelo como seña de identidad; lo dicen, claro, exiliadas en países europeos donde les permiten desarrollarse como personas, cosa que sería impensable en sus países de procedencia.
De todas formas, las cuestión es si debemos hacer excepciones a reglas acordadas en los centros educativos -podemos hacerlo extensible al ámbito laboral- en materia de atuendo. Mi opinión es que no.

 

El juez Garzón

El juez Garzón, conocido por su intensa labor contra el terrorismo de ETA -también por la instruccion chapucera de algunos sumarios- está siendo investigado por el Tribunal Supremo de España en tres procedimientos distintos.
Se ha organizado una asociación de apoyo al juez Garzón y una manifestación que ha contado con representantes del gobierno. El presidente del gobierno, Sr. Zapatero, también ha manifestado públicamente su discrepancia con estas investigaciones. Abogados, periodistas, intelectuales, etc., opinan que no es de recibo que se investigue a este juez que tanto se ha destacado por su lucha contra el terrorismo. El mismo juez envía una carta al Supremo acusando de montar una campaña contra él a los que ha promovido estas investigaciones.
Estos señores no se enteran de que en España cualquier persona -incluso los que están imputados por otros delitos-, ejerciendo su derecho, puede demandar a quien considere oportuno -incluídos a los jueces- y que esto forma parte de las garantías de un estado de Derecho.
La independencia del Poder Judicial, que algunos de estos personajes reclaman constantemente de cara a la galería, se obstaculiza gravemente con la presión mediática que suponen las manifestaciones de estos mismos tanto en contra como a favor.

 

¡Vaya panorama!

Otra genialidad del gobierno: aumentar la edad de jubilación a los 67 años.
Las medidas para asegurar las pensiones no están en suprimir Organismos ineficientes – el año pasado costaron las Diputaciones 12.000 millones de euros que solo sirvieron para buscar acomodo a políticos que no quieren en otros sitios-; ni en acabar con las pensiones vitalicias a los ex jefes de gobierno; ni en acabar con los privilegios de los parlamentarios en el cobro de sus pensiones, ni en disminuir sus generosísimos sueldos; ni en acabar con donaciones impresentables -ej: para colectivos de lesbianas de Zimbawe o para el metro de Hong Kong-; ni en acabar con el increíble número de inútiles mandos intermedios que hay en este país, ni con la generosísima dotación de coches oficiales de estos mandos; ni en evitar cumbres y fastos varios cada vez que hay alguna chorrada que presentar; ni en duplicar sueldos por pertenecer a varios Consejos de Administración que generan también más de una pensión-; ni en las generosísimas subvenciones a colectivos que no aportan nada y que deberían moverse en el ámbito exclusivamente privado; ni… en generar puestos de trabajo para los más jóvenes.
A los iluminados de turno, probablemente, tampoco se les ha ocurrido pensar que los costes de las bajas médicas, lógicas al trabajar a estas edades, serían superiores a los ingresos que recaudarían por seguir activos.
Cabe una alegría: los hay mas tontos que pretenden que trabajemos hasta los 70 años que, según parece, no van a ser tenidos en cuenta.
Los sindicatos estan pagados -desde el año 2006 se han incrementado un 50% las subvenciones a los dos sindicatos mayoritarios- y solo amagan movilizaciones de cara a la galería y los partidos de la Oposición… tan inútilles como los actuales gobernantes.
¡Vaya panorama|

 

Miserables en Puerto Príncipe

Una nueva demostración de la talla de los políticos que nos gobiernan: están dándose empujones para ver quien tiene más protagonismo -propaganda se llamaba antes- en la ayuda y en la reconstrucción de Puerto Príncipe (Haití).
Estados Unidos toma el aeropuerto y obliga a los aviones de los restantes paises a aterrizar en Santo Domingo, Brasil se dá codazos para estar en primera línea, algunos países europeos toman iniciativas por su cuenta para salir mas favorecidos en las fotos…
Es increible que estén aprovechando un drama de esta magnitud para fines políticos. Y mientras tanto, la O.N.U., desaparecida. Esta institución tan cara y tan inoperante es la que deberia estar organizando el salvamento, las ayudas y la reconstrucción de Puerto Príncipe y canalizando, a través de ella, las iniciativas públicas y privadas de otros países. Probablemente, bajo el mandato único de la O.N.U. se evitaría el pillaje y el crimen y se optimizaría el reparto de ayuda y la atención a tantos necesitados.
Mientras tanto, la señora De la Vega paseando sus carísimos modelitos en medio de tanta miseria.

 

Las gaviotas y los barcos

Paseando por la playa me llamó la atención la manera idéntica que tienen las gaviotas de situarse: todas las que estaban en la orilla miraban en la misma dirección -hacia el viento- y las que llegaban volando planeaban y se posaban en la arena hasta quedar en esa orientación. Sucede igual con los barcos fondeados de proa: todos van rolando -cambiando- aproándose al viento, es decir, todos reciben el viento por la proa y, a medida que el viento vá cambiando, estos también los hacen.
Los dirigentes políticos actúan exactamente igual: se van orientando en la misma dirección pero con una variante: no lo hacen contra el viento sino a favor del viento; la camarilla que los rodean también gira, al unísono, a medida que lo hace el líder -escala nacional o local. Item más: pretenden que todos giremos en esa dirección. Siguiendo con el símil de los barcos, reciben la influencia del viento -del líder- por la popa, por el culo. ¡Así nos vá!

 

Gadafi

Saludos a la vuelta de las vacaciones, que espero hayan sido provechosas.
Para empezar, una duda: ¿Qué pinta un ministro de la democracia española en la conmemoración de los 40 años de poder de un dictador como Gadafi?.
Este tema parece que no interesa a los partidos de la oposición ya que hacen mutis por el foro. En una reciente visita a España – que nunca debió producirse- de este personajillo, hemos tenido que aguantar desplantes y malos modos sin que ningún político lo haya evitado. Inaudito.
No parece ético apoyar a un dictador, por mucho petróleo que tenga.
PD: Del montaje de la gripe A, opinaré otro día.

 

Una niña desconocida

Me sucedió ayer. LLevaba las manos ocupadas y estaba intentando encontrar las llaves para abrir el portal. Una niña -calculo que tendría 10 años-, a quien no conocía, se acercó con unas llaves en la mano y me preguntó que si podía ayudarme y que si quería que me abriese la puerta. La amabilidad y la corrección de la chiquilla me llamaron la atención: era un persona educada, correcta y agradable.
La interacción duró apenas el tiempo de abrir la puerta pero, desde ayer, me he acordado varias veces por lo insólito que resulta encontrarte a alguien educado. Fueron unos segundos que me hicieron alentar la esperanza de la recuperación de unos valores que parecen ya perdidos en el tiempo.
Solo duró unos segundos: el siguiente encuentro me devolvió a la realidad.
Gracias, niña desconocida, por esos instantes y gracias a tus desconocidos padres por el esfuerzo y el interés que, sin duda, te dedicaron.

 

Alcalde de Sevilla

Alfredo Sanchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, a falta de más argumentos -su falta de inteligencia es ya un clásico- descalifica a los que no tienen la misma idea de la ciudad que él diciendo que provienen de la ideología “nacional católica”. Es usted un imbécil, Sr alcalde -me permito insultarlo con la venia que me dá haber sido insultado por usted.
Creo -y es un derecho que tengo- que está destruyendo Sevilla. Está haciendo una ciudad copia de otras que, por esto mismo, está perdiendo sus señas, sus peculiaridades y sus encantos. Lo decimos muchos ciudadanos y muchas instituciones -incluida la Unesco.
Mi pensamiento es – a la vista de sus actuaciones- bastante más de izquierdas que el suyo y me siento profundamente insultado por sus comentarios -es broma, para insultarme a mí hacen faltan muchos monteseirines.
Estar de acuerdo, o no, con la forma de actuar en una ciudad no es cuestión de ideologías y cada cual tiene , o debería tener, su punto de vista. Lo que no es de recibo, por poco ético, es actuar de espaldas al sentir de la ciudadanía pensando que, con el voto, depositamos el permiso para cualquier barrabasada.
Como su insulto es, cualitativamente, bastante mayor que el mío, permítame otro: es usted un memo, don Alfredo, que no tiene categoría para representar a la ciudad de Sevilla.